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Las artistas María Nicolasa Chex, Rosalina Tuyuc Velásquez, Paula Nicho Cumez y María Elena Curruchiche.  (foto: ONU Mujeres/Ryan Brown.)

San Juan Comalapa, un municipio ubicado a unos 80 km de la capital de Guatemala, es conocido como la “Florencia de América” por su vasta historia artística, que se remonta a los años treinta. Sin embargo, este bello paraíso para las artes no pudo escapar de los horrores de la guerra civil guatemalteca. 

Miles de familias guatemaltecas no han podido cerrar las heridas que causaron el conflicto armado entre militares y grupos guerrilleros, que se extendió por 36 años, y en el que murieron al menos 200.000 personas, en su mayoría indígenas.

Aún no se ha logrado identificar a muchos cadáveres, y la mayoría de las personas desaparecidas continúan siéndolo.  Miles de familias guatemaltecas no han podido cerrar las heridas.

Rosalina Tuyuc Velásquez —de 63 años— representa a una de esas familias. Además, es activista por los derechos humanos, se ha desempeñado como diputada en el Congreso de Guatemala y cofundó CONAVIGUA, una asociación de viudas integrada por mujeres cuyos esposos, hijos o hijas fueron asesinados o desaparecieron durante el conflicto.

La organización apoya también a las mujeres sobrevivientes de la violencia sexual relacionada con el conflicto; asimismo, facilitó testimonios de mujeres en apoyo al programa de reparación nacional adoptado en 2003. 

Con financiamiento del Fondo de las Naciones Unidas para la Consolidación de la Paz, ONU Mujeres, junto con otras entidades asociadas locales e internacionales, apoya a CONAVIGUA (Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala) para promover los derechos de las mujeres en general y de las mujeres indígenas en particular, y alcanzar la verdad, justicia y reparación que logren romper el ciclo de la violencia contra las mujeres.

Con sus propias palabras, Rosalina Tuyuc Velásquez cuenta su historia, y la de miles de mujeres como ella, que todavía buscan a sus seres queridos y exigen justicia.

“Comalapa fue uno de los municipios afectados por el conflicto. Se estima que [en esta área], entre 4000 y 5000 personas —hombres, mujeres, niños y niñas— fueron víctimas de la desaparición forzada.  Las y los habitantes sabían que los militares secuestraban, trasladaban y torturaban a personas [indígenas]. Incluso los obligaban a cavar sus propias tumbas.

A algunos de ellos los sepultaban en la tierra aún con vida”, cuenta Rosalina Tuyuc Velásquez, que fue fundamental para la creación de un monumento conmemorativo a las víctimas del conflicto en Comalapa, denominado “Centro de la Memoria Histórica de las Mujeres”.

El monumento conmemorativo, el primero de su tipo en el mundo, se asienta en un terreno de 80 varas cuadradas [aproximadamente, 56 metros cuadrados] enclavado en un bosque. En el medio del claro, se erige una casa con una habitación. Las mujeres artistas de la región están pintando murales tradicionales en sus paredes exteriores.

Las paredes internas de la casa están adornadas con cruces en las que se leen los nombres de las personas asesinadas o desaparecidas durante el conflicto.

Durante mucho tiempo, los militares guatemaltecos afirmaron que, en esta zona, sólo habían asesinado a guerrilleros, pero las fosas comunes contenían también los cuerpos mutilados y decapitados de mujeres, niñas y niños.

Swisslatin /  ONU Mujeres/ Ryan Brown (14.06.2019)