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Rigoberta Menchú, líder indígena y premio Nobel de la Paz, se dirige al foro sobre cultura de paz de la Asamblea General de la ONU (foto ONU / Evan Scheneider)

La líder indígena y premio Nóbel de la paz defendió el trabajo de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala y criticó la “represión y criminalización” de los defensores de derechos humanos en su país.

La premio Nobel guatemalteca Rigoberta Menchú considera que la decisión del Gobierno de no renovar el mandato de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y de no permitir la entrada al país de su Comisionado “desafían la institucionalidad democrática y la autoridad moral y política de las Naciones Unidas”.

La líder indígena defendió la “importancia” de la presencia de la CICIG que hoy se ve amenazada “por el pacto de corruptos desde los poderes del Estado”.

Las autoridades guatemaltecasinformaron el martes a António Guterres que han prohibido el ingreso a Guatemala al Comisionado de la CICIG, quien, según informaciones de prensa, se encontraba en Estados Unidos. La semana pasada el presidente Morales anunció que no renovará el mandato de la CICIG, que vence en septiembre de 2019.

Menchú participó en un debate de la Asamblea General de la ONU sobre cultura de paz. Ante los representantes de los 193 países miembros, aseguró que la Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz que aprobó Naciones Unidas hace dos décadas sufre la misma suerte que otras iniciativas internacionales: falta de voluntad política.

Puso como ejemplo su propio país, donde aseguró se vive “un proceso de remilitarización de las instituciones públicas y el poder civil” que impacta los derechos de los pueblos indígenas y otros ciudadanos. “Continúan las prácticas de las dictaduras del pasado, la represión, militarización y criminalización de las defensoras y defensores de los derechos humanos y asesinatos de líderes sociales, especialmente indígenas, que defienden la Madre Tierra”, dijo.

Más allá del país centroamericano, Menchú alerto sobre los “discursos, actitudes y manifestaciones de odio” que van en aumento en distintos rincones del planeta. “Las más horrendas prácticas de racismo, discriminación, xenofobia y homofobia ofenden la conciencia, aniquilan la dignidad humana”, sostuvo.

Lamentó que los caminos de los migrantes “están plagados de sangre” y calificó como “insultante a la conciencia humana” la “ejecución” de la migrante indígena Claudia Patria Gómez González, de 19 años, que murió por los disparos de un agente de la patrulla fronteriza de Estados Unidos. En ese país también criticó el confinamiento de niños migrantes.

“Una utopía con grandes enemigos”

Menchú considera que la cultura de paz “es una utopía con grandes obstáculos y enemigos”. La premio Nóbel sigue creyendo que existe un camino creíble para la paz y rindió homenaje a los “millones de jóvenes que han hecho de la cultura de paz su causa y su bandera de lucha”. Sin embargo, lamentó que no se haya logrado unidad para abordar las causas de la violencia.  Entre ellas, citó las desigualdades económicas. “Casi un centenar de magnates concentran la riqueza mundial. 4400 millones de personas son víctimas directas de desigualdades y exclusiones mundiales”, dijo.  “Mientras persistan las desigualdades tendremos dificultades para construir una cultura de paz”.

El presidente de la Asamblea General, Miroslav Lajčák, coincidió con la guatemalteca en que la cultura de la paz “todavía no es una realidad”.  Sostuvo que hace falta “mucho tiempo”, ya que la paz no se puede erigir “de un día para otro”. “Tiene que construirse, bloque a bloque y capa a capa”, explicó. “Y eso no lo pueden hacer las organizaciones internacionales, sino la gente sobre el terreno, en sus países y sus pueblos, la gente que estaba allí cuando no había paz”.

Swisslatin / ONU noticias (06.09.2018)