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La giaconda

(foto KNJ)

El pasado jueves la Fundación Leonardo Da Vinci de Zúrich, se portó garante de un consorcio internacional propietario de una “versión anterior” a la Giaconda, pintada alrededor de 1503. Versión recibida con escepticismo por algunos historiadores del arte.

No obstante, la debutante, “durmiente” por cuatro décadas “amerita el respeto y admiración”  luego de un tiempo increíblemente largo resguardada del ojo público, dijo David Fieldmann, presidente de la fundación creada en 2008.

Y el momento sublime llegó cuando los directivos de la Fundación recorrieron la cortina y ahí, frente a nuestros ojos apareció, en todo esplendor, esa Mona Lisa que conocemos en el Museo del Louvre, pero, aquí se trataba, de la jovencita Gherardini, entonces recién casada con Francesco del Giocondo.

La bella durmiente

Días antes, era el rumor del mundo de las artes: la joven pero anciana pintura de Mona Lisa iba a debutar en el mundo de la cultura. La Bella Durmiente (no en un bosque sino en una bodega de un banco suizo) apareció ante el grupo mirándonos quizá con la misma curiosidad y atención que nosotros, con esa sonrisita enigmática, un poquitín sarcástica como diciéndonos “soy o no soy pero existo”.

La primera versión de La Gioconda, jovencita ciertamente que se muestra sin una mancha de edad sobre su nítida tez, sin ninguna arruga -ni siquiera alrededor de los labios que denotarían risas fáciles y constantes si es que su enigmática sonrisa pudiera en algún momento en aquellos años transformarse en carcajada espontánea-, carece de marcas de vida incluso en la frente a lo mejor porque la esposa de Giocondo era la adolescente que sueña sin pensar en la madurez cuando la vida ha enseñado sus bellezas y sus trampas.

Garantizada por la opinión de los expertos

La Giaconda joven, conocida como la Mona Lisa Isleworth, era el secreto mejor guardado para el público no letrado durante unos 35 años mientras unos cuantos hombres le metían mano.

La pintura ha sido auscultada por expertos DaVincianos como Alesandro Vezzosi, John F. Asmus y Robert Meyrick, con el único objetivo de establecer su identidad paterna desde todos los milímetros de la tela en que fuera pintada –en vez de madera como Da Vinci gustaba- para estudiar todo lo que permitiera confirmar la existencia de esta versión anterior porque Leonardo gustaba doblar sus pinturas –como la Virgen en las rocas.

E incluso algunos trabajaron en secreto como Joe Mullins, experto en imaginería judicial (buena práctica en el FBI) a quien le encargaron “regresar” la imagen de Mona Lisa unos once años pero sin dejarle ver la pintura de Isleworth.

Parecido con su hermana mayor

El proceso resultó en una jovencita como otra de las que vemos hoy día salvo que no tiene gota de maquillaje, gracias a un imaginativo estiramiento facial, aplicación de inyecciones de bótox para rellenar el rostro de Mona Lisa, del rayo láser para quitar sombras en pómulos y frente e incluso una depilación de cejas para rejuvenecerla… voilà, la joven se parece a su hermana menor casi como dos gotas de agua salvo la diferencia de edades pues la primogénita es de 1503 y la Mona Lisa del Louvre de 1514, así se estableció que son hijas del mismo padre.

Los detalles del escepticismo

Esta Giocondita –si me permite la Mona Lisa de Zurich llamarla familiarmente- tiene sus “detalles” que los expertos admiten no corresponden a la cuña de Leonardo, como por ejemplo un arbolito mal plantado, unas columnas de apoyo visual y una perspectiva que no cuadra en el fondo del cuadro… por lo demás, es decir, la figura que en toda su sublime belleza nos ofrece su sonrisa “es Da Vinci”.

Conclusión: es la versión original de Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, pero de edad y en tiempo diferente a la del Louvre –con el beneficio de ser una pintura un poco más grande. Como dijera Pascal Cotte, co- autor de “Mona Lisa, Leonardo’s Earlier Version” con 320 páginas de estudios de identidad: es una pintura complicada, será controvertida pero durante 35 años de estudios de grandes expertos nadie ha venido a decirnos que no es una Da Vinci.

Queda por saber si la versión Isleworth será tan atractiva como la extraordinaria belleza de una madura Mona Lisa que está en el Museo del Louvre, donde recibe 6 millones de visitantes al año.

Swisslatin / Kyra Núñez-Johnsson (30.09.2012)