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Una mujer en la Republica Dominicana recibe ayuda alimentaria en medio de la pandemia del COVID-19. (foto PMA/ Karolyn Ureña)

Un nuevo informe de dos agencias de las Naciones Unidas propone un “bono contra el Hambre” además de un ingreso mínimo de emergencia para evitar que la crisis sanitari del COVID-19 se convierta en una crisis alimentaria que haga retroceder a la región 20 años de desarrollo y empuje a millones más al hambre y la pobreza. 

El esfuerzo de dos décadas para eliminar la pobreza extrema puede perderse en cuestión de meses y millones de personas más pasarán hambre debido a la crisis del COVID-19, advierte un nuevo informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

De acuerdo con las agencias, América Latina necesita medidas urgentes para evitar que la actual crisis de salud causada por el coronavirus se transforme en una crisis alimentaria.

Con la mayor caída del PIB regional en un siglo, estimada en un -5.3%, aproximadamente 16 millones de latinoamericanos caerán en la pobreza extrema hasta un total de 83,4 millones de personas, lo que hará que muchos de ellos tengan dificultades para acceder a comida. Entre 2016 y 2018 ya había 53,7 millones de personas en inseguridad alimentaria severa en América Latina.

La secretaria ejecutiva de la Comisión, Alicia Bárcena, y el director regional de la agencia de la ONU para la alimentación, Julio Berdegué, explicaron durante una conferencia de prensa que los efectos de la crisis ya son visibles en los sistemas alimentarios: la vulnerabilidad de los trabajadores ha crecido y los precios internos de los alimentos están subiendo más que el precio de otros productos de la canasta básica, según el Índice de precios al consumidor.

Además, debido al aumento del desempleo y la caída en los ingresos, millones de personas no pueden comprar suficientes alimentos, y muchas otras están teniendo que optar por alimentos más baratos y de menor calidad nutricional.

“Vemos que hay un aumento en la posibilidad de una crisis alimentaria. Nuestra región acumula siete años de muy bajo crecimiento. A partir de 2014 ha aumentado la pobreza. Con esta crisis que será la más grande en la historia de la región, sin duda va a haber un aumento de la pobreza extrema y el hambre”, explicó Bárcenas.

 “Podemos perder todo lo que hemos hecho en 20 años, y volver a donde estábamos hace 20 años en un par de meses […]Millones de personas pueden caer en el hambre. Esa es la gravedad del problema actual”, agregó el director de la FAO.

El informe también expresa una fuerte preocupación por sectores de alto valor intensivos en manos de obra como el café, las flores y las frutas, así como un impacto sobre el empleo femenino en medio de la crisis.  También existe un impacto adicional de los fenómenos climáticos sobre la producción agropecuaria, en particular, los productores de subsistencia y los trabajadores agrícolas.

Un bono contra el hambre para los más vulnerables

Para las agencias, la gran tarea es impedir que la crisis actual de la pandemia se convierta en una crisis alimentaria, algo que se puede alcanzar complementando un ingreso básico de emergencia con un bono contra el hambre.

Según el informe, este bono podría materializarse en la forma de transferencias monetarias, canastas o cupones de alimentos a toda la población en situación de pobreza extrema por un período de seis meses, equivalente al 70% de la línea de pobreza extrema regional, que se sitúa en el valor de 47 dólares del año 2010.

Su costo equivaldría al 0,06% del PIB regional, si se entrega únicamente a la población en pobreza extrema mayor de 65 años, o al 0,45% del PIB si se da cobertura a toda la población en pobreza extrema. La CEPAL y la FAO recomiendan la segunda opción, lo que tendría un costo estimado de 23.500 millones de dólares.

Además, proponen un incremento de al menos un 20% de la cartera promedio de créditos de los últimos tres años, que sumaría alrededor de 5500 millones de dólares, para los productores del sistema alimentario. Adicionalmente, para las unidades agrícolas familiares más rezagadas, los expertos dicen que se necesita un kit básico de inversión de 250 dólares con un costo de 1700 millones de dólares en la escala regional.

Los funcionarios hicieron un llamado a la cooperación internacional para apoyar a los países en mayor situación de vulnerabilidad.

Riesgos de disrupción en el sistema alimentario

Julio Berdegué expuso que la actual crisis representa además un riesgo de disrupciones en el sistema alimentario de la región.

Puso como ejemplo que, en Colombia, las cosechas de producción agrícola se están perdiendo porque no hay quien compre, mientras que, en Cuba, la producción está disminuyendo por menores ingresos y el cierre del sector turismo.

Asimismo, en Brasil, el COVID-19 está causando una caída del 9,6% en las ventas de mercados mayoristas en Sao Paulo, y en Perú causó el cierre del Gran Mercado Mayorista de Lima.

“El sistema alimentario es complejo, sus actividades son esenciales y sus trabajadores son vulnerables. Facilitar el funcionamiento de las cadenas de suministro de alimentos es fundamental para garantizar la provisión y el acceso”, afirmó el experto.

Recomendaciones

Las agencias proponen el bono contra el hambre como parte de un decálogo de medidas para que todos los hogares accedan a una alimentación suficiente y nutritiva, las empresas y actores del sistema alimentario puedan realizar sus tareas, y los países cuenten con suficientes alimentos para garantizar el abasto a precios razonables.

Las otras medidas son:

  • Reforzar los programas de alimentación escolar para garantizar la alimentación de niños, niñas y adolescentes
  • Apoyar las iniciativas de asistencia alimentaria de las organizaciones de la sociedad civil
  • Apoyo financiero a través de créditos y subsidios productivos para las empresas agropecuarias, orientado principalmente a la agricultura familiar
  • Ajustar los protocolos de sanidad y salud en la producción y el transporte de alimentos y en los mercados mayoristas y minoristas
  • Expandir y garantizar el funcionamiento de los programas de apoyo a la producción de autoconsumo
  • Asegurar el financiamiento, la asistencia técnica y el acceso a insumos y mano de obra a los agricultores y pescadores artesanales
  • Establecer mecanismos ágiles de consulta y coordinación público-privada entre todos los actores del sistema alimentario
  • Impedir que los mercados mayoristas y minoristas y las agroindustrias se cierren o disminuyan sus operaciones
  • Continuar con las políticas que han mantenido abierto el comercio mundial de alimentos, en particular evitando medidas proteccionistas que aumenten el precio de los alimentos

“Esta crisis no es algo que va a pasar rápido, hay que entender que enfrentamos un 2020 malo y un 2021 muy débil. Es más difícil resistir dos años que dos meses”, aseguró el director regional de la FAO, asegurando que las medidas recomendadas en el informe son muy necesarias para el bienestar de la población latinoamericana.

Swisslatin / ONU Noticias (18.06.2020)