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Henri Starlin

(foto KYNJ)

“Qué alegría” expresó con vehemencia el periodista y escritor de arte arqueológico Henri Stierlin, al recibir el jueves en solemne ceremonia, la condecoración Águila Azteca en grado de Insigne, máximo reconocimiento que el gobierno de México otorga a los extranjeros.

Este galardón se otorga a personas que han sostenido una labor de promoción de la cultura nacional como Henri Stierlin lo ha hecho en Suiza, en Europa y en el mundo, resaltando la belleza del país en no menos de una docena de obras relacionadas con las costumbres y civilizaciones de mayas, aztecas y de otras culturas precolombinas.

Hace medio siglo

El Águila Azteca se le confirió “por su contribución excepcional a la promoción de la cultura, imagen y de la presencia de México en la Confederación Suiza y en muchos otros países europeos desde hace unos cincuenta años” expresó en nombre del Presidente Felipe Calderón, el embajador de México en Suiza, Luciano Joublanc.

Henri Stierlin y esposa

(foto KYNJ)

El diplomático recordó que en 1960, con el apoyo del Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, el galardonado exhibió en México sus fotografías captadas durante sus primeros viajes a México. Poco después, otros amigos de la talla del arqueólogo Alberto Ruz e Ignacio Bernal, Henri Stierlin se lanza a una serie de viajes alrededor de la culturas maya y la azteca.  (En la foto con su esposa Anne Stierlin)

Sus primeros libros, “Mexica”, “Mexique Ancien”, “L’Art Maya”, “L’Art Aztèque” “Maya” y aquél de “Pyramides Palais de la Forêt Vierge” cautivan a un público numeroso al ser traducidas en siete idiomas.

Fiel a la temática mexicana

En estos cincuenta años de una vida dedicada al estudio de México, Henri Stierlin también se dedicó a promover en la televisión nuestro mundo, con “L’homme à la recherche de son passé” trasmitida en Suiza y en 13 países más. A sus fotos y libros se le añaden exposiciones, conferencias, artículos, documentales, este investigador nato ha sido fiel a su temática mexicana hasta ahora a los 84 años.

Un México virgen, con riqueza inusitada

Stierlin habló con voz elegante y emocionada sobre su primera visita a México propiciada por su amigo Jean-Paul Darmsteter -presente entre los invitados a la ceremonia diplomática- que abría la línea aérea de Sabena a México; y desde su llegada quedó cautivo de un país virgen, con una belleza inusitada, listo para ser revelado, descubierto como lo vivió en este viaje de diciembre de 1960, el primero de más de 20 que ha realizado.

Recuerdo a Octavio Paz

Stierlin rindió recuerdo emotivo a Octavio Paz “fue mi ábrete sésamo” porque las puertas se me abrieron al conjuro de su nombre y llegar a la revelación de esas culturas maya y  azteca pero también a otros hechos como la biblioteca de la UNAM, una maravilla en el país, las puertas de la tumba del último emperador maya en Palenque acompañando a Alberto Ruz.

Con él inició una particular relación en vistas de que su abuela era nada menos que una suiza ginebrina, y luego, a Ignacio Bernal, y más adelante, a la arquitectura del México moderno con Pedro Ramírez Vázquez.

Stierlin recibió la condecoración “con una gran alegría, como un hecho impresionante y de un valor excepcional”.

La ceremonia tuvo lugar en la sede de la Misión de México ante los organismos internacionales en Ginebra donde concurrió el galardonado, sus familiares y amigos entre ellos el coleccionista Gastón Burnand, (Águila Azteca),  los embajadores mexicanos Juan José Gómez Camacho y Fernando de Mateo, y un nutrido grupo de conocedores de la obra inacabable de Henri Stierlin.

Swisslatin / Kyra Núñez-Johnsson (17.11.2012)