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Cultivos de pimientos que se han logrado adaptar al cambio climático en Nigeria. (foto IFAD)

El Año Internacional de la Sanidad Vegetal (AISV)  busca precisamente concienciar a nivel mundial sobre cómo la protección de la salud de las plantas puede ayudar a erradicar el hambre, reducir la pobreza, proteger el medio ambiente e impulsar el desarrollo económico.

Las políticas y las medidas de promoción de la sanidad vegetal son fundamentales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

“En este Año Internacional y a lo largo de la Década de Acción para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, dediquemos los recursos necesarios y aumentemos nuestro compromiso con la sanidad vegetal. Actuemos por las personas y el planeta”, ha pedido el Secretario General de la ONU, António Guterres.

El Año hace hincapié en la prevención y la protección, y en la función que cada uno podemos desempeñar para garantizar y promover la sanidad vegetal.
Los objetivos clave son:

  • crear conciencia sobre la importancia de las plantas sanas para lograr la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible
  • destacar el impacto de la sanidad vegetal en la seguridad alimentaria y las funciones ecosistémicas
  • compartir las mejores prácticas sobre cómo mantener las plantas sanas al tiempo que se protege el medio ambiente

“El Año Internacional de la Sanidad Vegetal es en realidad un logro global clave, no solo para la comunidad mundial de la salud fitosanitaria, sino para todo el mundo. Estamos muy contentos de haber alcanzado este objetivo y convertir la sanidad vegetal en un problema mundial”, afirma el especialista de la FAO.

Tanto Monturi como Trujillo resaltan que todos tenemos un papel que desempeñar en este gran evento global.

“Deseamos elevar la salud de las plantas en la agenda global, proporcionando a los responsables políticos y a los gobiernos una base sólida para priorizar sus decisiones. Por lo tanto, empoderar a las organizaciones de protección de las plantas en todos los niveles y también invertir en el desarrollo de la capacidad, la investigación y la divulgación de la salud de las plantas también es esencial para que los gobiernos e instituciones protejan sus territorios y también la agricultura”, explica Mirko Montuori.

También se trata de una oportunidad para recordarle al público que los controles que se realizan en aeropuertos y fronteras son esenciales y deben ser respetados.

“Un turista transfronterizo nunca debe traer mercancías que pudieran ser la vía para una plaga exótica. En algunos países es muy claro, como en Estados Unidos y Australia. Cualquier ciudadano, aunque no conozca nada de este tema ni de agricultura, sabe perfectamente que puede ser detenido por ocultar un material vegetal, alguna semilla que alguien compró en el país donde estaba, puede ser multado e incluso encarcelado. Este mensaje tiene que generalizarse a todos los ciudadanos”, añade Trujillo.

Para el experto lo importante es que el público entienda que una acción que parece que no va a tener un impacto puede ser el comienzo de un brote de enfermedad devastador, como lo que ocurrió en África con el gusano cogollero.

Las empresas también deben hacer su parte: “aquellos que se dedican en forma sistemática a hacer movimientos transfronterizos de miles de toneladas, ya sea de arroz o de trigo deben entender que el cumplimiento legal de estas disposiciones de cuarentena es vital, no solamente para evitar sanciones, sino para su propio futuro económico como empresa importadora de alimentos o de productos agrícolas”.

Prácticamente todos los alimentos que consumimos provienen de manera directa o indirecta de las plantas, que además nos protegen del calentamiento global. Sin embargo, las hemos puesto en peligro. En el Año Internacional de la Sanidad Vegetal, la ONU quiere poner en lo alto de la agenda mundial la importancia de protegerlas de enfermedades y plagas exacerbadas por el comercio, los viajes y el cambio climático.

Las plantas son la base fundamental para la vida en la tierra, y son el pilar más importante de la nutrición humana. Nos proporcionan el 80% de los alimentos que consumimos y producen el 98% del oxígeno que respiramos.

Actualmente el 40% de los cultivos alimentarios mundiales se pierden cada año a causa de plagas y enfermedades vegetales, esto hace que millones de personas sufran hambre y perjudica gravemente la agricultura, el principal medio de vida de las comunidades rurales.

Las plagas y las enfermedades siempre han repercutido en la producción de alimentos, ya sea directamente causando pérdidas en las cosechas y en la ganadería, o indirectamente por la disminución de los ingresos debida a la insuficiencia de las cosechas de los cultivos comerciales.

Sin embargo, el cambio climático ha entrado a jugar un gran papel en esta problemática: la diferencia de temperaturas, la humedad y los gases de la atmósfera modifican el crecimiento y la capacidad con que se generan las plantas, los hongos, y los insectos, alterando la interacción entre las plagas, sus enemigos naturales y sus huéspedes.

Hoy en día, el cambio climático y su inestabilidad cada vez mayor exacerban las pérdidas de los cultivos, y representan una amenaza para la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia rurales en todo el planeta.

La importancia de proteger las plantas

“Prácticamente todos los alimentos que consumimos ya sean frescos, como una manzana u otras frutas, o procesados como son el trigo, el maíz, el arroz, así como la base primaria de alimentación de la proteína animal que consumimos, huevos, carne, pollo… Todos provienen de las plantas. Esa es una razón suficiente para que sean un patrimonio de la humanidad”, asegura el doctor  Francisco Javier Trujillo, director del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de México a Noticias ONU.

El experto explica que las plantas, entre las que se encuentran los árboles en los bosques, algunos tan grandes como el Amazonas, funcionan como un arma contra el cambio climático.

“Las plantas nos dan servicios ambientales muy importantes: participan en el ciclo del agua, evitan que el agua de lluvia se pierda y en vez se incorpore a flujos de formación de acuíferos y que podamos crear pozos. Son las que estabilizan la temperatura y aportan a un clima más estable. También nos defienden de la contaminación a través del secuestro de dióxido de carbono que sabemos que será lo que a su vez nos va a defender de un efecto invernadero”.

El doctor Trujillo aclara que además de ser nuestra fuente de alimento y oxígeno, son también la materia prima de muchas medicinas que utilizamos en todos los sistemas de salud.

“Se estima que el 40% de las medicinas de patente provienen de una planta, pero también nos dan material de construcción, nos dan combustible, nos dan fibras para nuestra vestimenta. Las plantas son la base del bienestar humano”.

Proteger las plantas puede ayudar a erradicar el hambre, reducir la pobreza, y proteger el medio ambiente e impulsar el desarrollo económico.

El caso de América Latina

Mirko Montuori de la FAO resalta que, gracias a organizaciones regionales de protección fitosanitaria como el Organismo Regional de Sanidad Agropecuaria, OIRSA, y Comunidad Andina se han logrado establecer sistemas de alerta y respuesta a brotes de plagas que están en funcionamiento.

“Esta es una excelente herramienta para coordinar con las autoridades gubernamentales y facilitar la erradicación de las plagas de manera oportuna. Un ejemplo fue la erradicación exitosa de la incursión de la langosta. Eso se hizo en algunos países de la región latinoamericana dentro de las 18 horas posteriores a su primera detección”, afirma Montuori.

El especialista asegura que se trata de un mecanismo necesario para compartir información y actuar con bastante rapidez para combatir los problemas de salud de las plantas en la región.

“Todas estas organizaciones nacionales de protección de plantas en la región están trabajando arduamente para combatir algunas de las plagas emergentes en la región, incluida la mosca de la fruta mediterránea o la raza tropical Fusarium 4, que está afectando a los bananos en la región y otros cultivos. Por lo tanto, es un trabajo continuo que realizan estas autoridades nacionales en cooperación con su campo y la secretaría de la Convención de Protección Fitosanitaria”, explica.

Por su parte el doctor Trujillo, afirma que a pesar de que hay países en la región muy maduros en la aplicación de medidas para proteger a las plantas, hay otros que necesitan ayuda.

“Por ejemplo, algunos países del Caribe, donde ni siquiera la agricultura es un componente importante de su economía quizá por ser países turísticos o de extracción de petróleo. Entonces, cuando un país no tiene una institución eficiente para aplicar medidas internacionales de control de plagas, se convierten en un riesgo aún para los países que tienen medidas bien establecidas”, dice.

Trujillo pone como ejemplo la plaga del gusano cogollero del maíz en África, que inicialmente invadió a un país del continente y ahora se encuentra en otros 30.

“Es un ejemplo de cómo una enfermedad que no se vigiló, que no se detectó a tiempo, quizá por omisión, y ahora ha progresado y causado daños incluso en la capacidad de producir alimentos en países enteros. Queremos que el mundo ponga atención a esos puntos de vulnerabilidad para que sean atendidos y lograr, en la medida de lo posible, el estándar de buen desempeño que sea cada vez más homogéneo a través de todos los países.

Según la FAO, al prevenir la propagación y la introducción de plagas en nuevas zonas, los gobiernos, agricultores y otros actores de la cadena alimentaria -como el sector privado-, pueden ahorrar miles de millones de dólares y garantizar el acceso a alimentos de calidad.

“Mantener las plantas o los productos vegetales libres de plagas y enfermedades ayuda además a facilitar el comercio y garantiza el acceso a los mercados, en especial para los países en desarrollo. Para ello, es importante reforzar la adhesión a los reglamentos y normas fitosanitarias armonizados a nivel internacional”, afirma Montuori.

Swisslatin / ONU Noticias (12.02.2020)