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Una profesora enseñando a leer a sus alumnos ( Liang Qiang / World Bank)

En una declaración conjunta para conmemorar el Día Mundial de los Docentes, el 5 de octubre, dirigentes de la OIT, UNESCO, UNICEF, PNUD y la Educación Internacional resaltan la necesidad de proveer educación de calidad a todos los alumnos alrededor del mundo.

La educación es un derecho humano fundamental y un bien público; transforma la vida impulsando el desarrollo económico y social; promueve la paz, la tolerancia y la inclusión social; es esencial para erradicar la pobreza, y hace posible que los niños y los jóvenes alcancen su pleno potencial.

En muchos lugares, sin embargo, los niños se ven privados del derecho a la educación debido a la escasez mundial de docentes cualificados y experimentados, en especial de mujeres docentes en los países de bajos ingresos. Pese al aumento general registrado en el acceso a la educación, más de 263 millones de niños y jóvenes de todo el mundo no están escolarizados. Nada menos que 617 millones de niños y adolescentes –casi el 60% en el plano mundial– no han adquirido las competencias básicas de lectura, escritura y aritmética. Los niños más pobres y marginados, en particular los que viven en zonas afectadas por conflictos, son los que corren mayor riesgo de no estar escolarizados o de asistir a la escuela, pero aprender muy poco.

En la Agenda 2030 con la que se ha comprometido la comunidad internacional se pide el acceso universal para todos a la enseñanza preescolar, primaria y secundaria. Para conseguir este objetivo, debemos ampliar el acceso de todos los niños y jóvenes a una educación de calidad, acabar con la discriminación en todos los niveles del sistema educativo y mejorar de manera notoria la calidad de la educación y los resultados del aprendizaje. Estos objetivos, a su vez, exigirán un aumento de la oferta mundial de docentes cualificados (alrededor de 69 millones más, según las estimaciones).

El tema del Día Mundial de los Docentes 2018 –“El derecho a la educación implica el derecho a docentes cualificados”– refleja esta realidad. También se hace eco de las palabras de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada hace 70 años, en la que se reconoce la educación como un derecho fundamental.

Hoy recordamos a los gobiernos y a la comunidad internacional la importancia de salvaguardar ese derecho mediante la inversión en una sólida fuerza de trabajo docente, en particular en los países afectados por conflictos. Para velar por que todos los niños estén preparados para aprender y ocupar su lugar en la sociedad, los docentes deben recibir una formación y un apoyo eficaces que los habiliten para responder a las necesidades de todos los estudiantes, incluidos los más marginados.

Sin embargo, la escasez de docentes dificulta los esfuerzos por lograr una educación equitativa,
inclusiva y de calidad para todos, especialmente en los países afectados por la pobreza generalizada y por crisis prolongadas, así como en las regiones en que la población joven crece rápidamente. Para satisfacer la demanda de nuevos docentes, las autoridades educativas suelen emplear a personas con poca o ninguna formación o reducir los requisitos de cualificación.

Se pide a algunos docentes que enseñen asignaturas para las que carecen de formación pedagógica. En los países de bajos ingresos, para hacer frente a la escasez de docentes se ha aumentado considerablemente el número de alumnos por clase, lo cual tiene efectos devastadores en la calidad de la educación y la carga de trabajo de los docentes.

Como resultado de todo ello, la educación que reciben los niños más marginados y excluidos suele ser impartida por los docentes menos experimentados, que quizá trabajan con contratos temporales y no reciben formación antes del servicio ni durante este.

Puede ocurrir que los docentes disponibles para trabajar en contextos de crisis o de emergencia no estén capacitados para responder a las complejas necesidades de los niños vulnerables, en particular las niñas, que se han visto obligados a huir de sus hogares a causa de conflictos armados, situaciones de violencia o desastres naturales.

A pesar del reconocimiento generalizado de que los docentes son esenciales para lograr una educación de calidad para todos, la enseñanza aún no se considera generalmente una profesión valorada. Su escaso prestigio obstaculiza los esfuerzos por contratar y retener a docentes tanto en los países ricos como en los pobres.

Para responder a este problema, los gobiernos y los asociados en la educación han de adoptar medidas enérgicas encaminadas a mejorar la calidad de la formación de los nuevos docentes y de los que están en ejercicio. Los docentes deben recibir una formación inicial de calidad y una iniciación eficaz en la profesión, y han de tener oportunidades de desarrollo profesional de alta calidad a fin de perfeccionar sus competencias a lo largo de toda su carrera.

Al mismo tiempo, es preciso demostrar a la población que la enseñanza es una profesión valorada, en la que se perciben sueldos decentes y se mejoran las condiciones de trabajo de los educadores en todos los niveles de la educación.

En este Día Mundial de los Docentes, al celebrar la importante contribución de los docentes para mejorar la vida de los niños y los jóvenes de todo el mundo, reafirmamos nuestro compromiso de aumentar la oferta mundial de docentes cualificados.

Instamos a todos los gobiernos y a la comunidad internacional a que se unan a nosotros en este empeño, para que todos los niños y los jóvenes, independientemente de sus circunstancias, puedan disfrutar de su derecho a una educación de calidad y a un futuro mejor.

Swisslatin / ILO news (08.10.2018)