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Persiste desigualdad de género (Foto UN)

Persiste desigualdad de género (Foto UN)

A pesar de los avances  en el ámbito de la legislación, sigue existiendo una brecha profunda en el mundo laboral.

Con ocasión del Día Internacional de la Mujer, la OIT, realiza un balance de la situación de la mujer y de la igualdad de género en el mundo del trabajo. Según su análisis, el panorama es muy heterogéneo.

Por un lado se ha avanzado mucho en el ámbito de la legislación nacional, y la mayoría de países han incorporado en sus textos legislativos los principios de igualdad y no discriminación, pero por otro persiste una profunda brecha, donde predomina la desigualdad.

Muchos gobiernos han adoptado unas políticas activas del mercado de trabajo para luchar contra la discriminación de que son víctimas las mujeres y cada vez son más las organizaciones de empleadores y de trabajadores que aplican iniciativas sobre igualdad de oportunidades y de trato. Algunas mujeres han conseguido progresar y romper el “techo de cristal”.

Desigualdades profundas

Al mismo tiempo, sigue existiendo una brecha a menudo profunda y que se resiste a desaparecer. Según el informe Tendencias Mundiales del Empleo 2014, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la participación de la mujer en el mercado de trabajo ha aumentado de manera desigual. 

Así, en las economías desarrolladas, se prevé que las mujeres se beneficien menos de la tímida recuperación prevista a mediano plazo, de forma que de aquí a 2018 su tasa de desempleo se reduciría progresivamente hasta alcanzar el 8,2 por ciento, frente a un 7,6 por ciento en el caso de los hombres. En el África septentrional, la tasa de participación de la mujer en el mercado de trabajo en 2013 apenas era del 25 por ciento, y en Oriente Medio no llegaba al 20 por ciento.

Segregación laboral 

Persiste la segregación laboral basada en el sexo y la brecha salarial por motivos de género. Las mujeres están sobrerrepresentadas en la economía informal, el trabajo precario y los empleos mal remunerados. En la región del Asia Sudoriental y el Pacífico, por ejemplo, la precariedad del empleo afectaba al 63,1 por ciento de las mujeres frente al 56 por ciento de los hombres.

En la economía formal, el porcentaje de mujeres que ocupan puestos de dirección sigue siendo bajo, pese a que muchas están calificadas para dichos puestos.

Los dispositivos que permiten tanto a hombres como a mujeres conciliar las responsabilidades profesionales y familiares, en particular servicios públicos de calidad para el cuidado de los niños, no existen o son inasequibles para muchas familias. En consecuencia, siguen siendo principalmente las mujeres y las niñas las que deben asegurar estos cuidados.

Segregación social

Los riesgos y las oportunidades para la mujer a menudo varían en función del color de la piel, la religión, la extracción social o el nivel de competencias. Las mujeres no son un grupo homogéneo. Por lo tanto, es importante analizar tanto la situación de los distintos grupos de mujeres en el mercado de trabajo como la manera en que estos grupos, y las mujeres en general, se comportan en comparación con sus homólogos masculinos.

A menudo, los derechos de las niñas y las mujeres se subordinan a los de los hombres; la contribución económica y social que aportan las mujeres está por lo general infravalorada y la percepción de que no reciben el mismo trato que los hombres se ve en ocasiones como un hecho inmutable.

No es sorprendente que el trabajo de las mujeres también sea, simplemente, invisible —físicamente invisible, tal y como sucede, por ejemplo, con las trabajadoras domésticas que trabajan a puerta cerrada—, o que, sencillamente, no figuren en las estadísticas, situación que perpetúa la desigualdad.

Swisslatin (08.03.2014)