Migrantes, chivo expiatorios de las guerras (Acnur)

Migrantes del Mediterráneo (Acnur)

Un continente de “descubridores”, conquistadores, colonizadores y emigrantes económicos tiene corta memoria.

Las imágenes del drama de la migración que difunden los medios de comunicación en Europa son acompañados de comentarios que promueven la sensación de que Europa se encuentra invadida por una oleada migratoria sin precedentes.

Un punto de vista mezquino que niega la necesidad de protección de los refugiados según los convenios de la ONU, para privilegiar las políticas de seguridad fronteriza, estrategia que ante los hechos, ha fracasado.

Cierto es que no se puede negar que una cantidad importante de migrantes se han instalado en Europa invocando el derecho de asilo, 660.000 en 2014, más de 400.000 en lo transcurrido de 2015. Pero en realidad, Europa ha sido solicitada de manera marginal, en comparación a la magnitud internacional del flagelo.

Según El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), 60 millones de personas se encuentran desplazadas por motivos de guerras y conflictos civiles en el mundo. Los europeos omiten de precisar que el 80% de ellos han encontrado asilo en países en desarrollo.

Un ejemplo significativo lo constituye el campo de refugiados de Kakuma, en el distrito de Turkana, Kenia, que alberga actualmente a 170.000 refugiados que han huido de la guerra y la violencia de los países vecinos. Incluso Brasil, ha recibido 3000 familias de origen sirio, hasta ahora.

Los migrantes europeos en las Américas

La memoria de los europeos parece también corta, cuando se compara con lo que fueron los flujos migratorios hacia las Américas. El “Descubrimiento”, que no fue más que una invasión de las naciones originarias, fue el comienzo de una crisis migratoria sin precedentes, justificada con las armas y expansionismo de la fe Cristiana.

Sin ir tan lejos, hasta fines del siglo XIX era aún corriente ver acostar en el puerto de Buenos Aires en Argentina, cientos de buques de emigrantes pobres, en su mayoría italianos y españoles en búsqueda de una vida mejor para sus hijos. A todos se les acogió.

El discurso del “aflujo masivo de refugiados” omite además, que en el pasado reciente, Europa occidental (la Unión Europea de hoy) se vio también confrontada a la llegada de miles de refugiados, víctimas de la II Guerra Mundial. A pesar del mismo discurso xenófobo de la época, esos refugiados terminaron por instalarse e integrarse en los diferentes países de acogida, incluyendo Suiza.

Hoy se reconoce el aporte y los beneficios económicos y culturales de ese tipo de migración, aporte que ahora se le niega por adelantado a estos nuevos migrantes del mediterráneo.

Deshumanizar a los que buscan ayuda

Hoy la respuesta ha sido el refuerzo de políticas represivas, en reemplazo del deber de protección, como lo estipulan los diferentes acuerdos internacionales. Las respuestas principales han sido la “seguridad de las fronteras”, como la vergonzosa valla construida por el gobierno de Hungría, y la lucha contra la inmigración irregular. Prácticas que se han revelado ineficientes e inmensamente costosas.

Según un estudio de la UE, se ha gastado desde el año 2000 hasta ahora, más de 13 mil millones de euros en el financiamiento de diferentes mecanismos para impedir que los migrantes pidan asilo en algún país europeo.

Una estrategia costosa e ineficaz. La prohibición ha dado lugar a que los migrantes recurran a vías clandestinas y peligrosas para llegar a Europa, generando el nacimiento de un jugoso negocio de los traficantes de seres humanos, a los cuales se les denuncia como los principales responsables de la crisis migratoria.

La verdadera causa

Se olvida así, la verdadera causa de esta crisis del éxodo, la guerra impuesta por las grandes potencias a estos países, el robo de sus recursos básicos (como el petróleo), la destrucción de sus Estados, el empobrecimiento de la población local, el apoyo armado a clanes locales, el despojo de sus riquezas, y en el caso suizo el blanqueo de dinero y la exportación de armas. Sin hablar de apoyo político a dictadores africanos o del recorte de la ayuda al desarrollo.

Pero lo más terrible es la catástrofe humanitaria. Desde que comenzó la crisis, cerca de 30.000 personas han pagado con sus vidas la tentativa de alcanzar Europa. Sin hablar de los miles de deportados.

Conciencia Cristiana

Esta crisis migratoria tiene también polarizado al mundo cristiano, muchos de ellos abiertamente partidarios de las deportaciones manu-militari. Tal vez convenga recordarles la frase de la teóloga alemana Edith Stein, muerta en el campo de concentración de  Auschwitz en 1942:  “Para un cristiano, no hay extranjero. Es un prójimo”.

Trevor Willmott, el Obispo de Canterbury, Inglaterra, ante la cruzada contra los migrantes encabezada por el Primer Ministro David Cameron, llamó a “Redescubrir lo que es el ser humano”.

Pero sin duda, son los partidos populistas, nacionalistas y xenófobos los que promueven el odio contra los migrantes con fines únicamente electorales. Sus seguidores, incluso amenazan a las personas que han prestado auxilio a los sobrevivientes que naufragaron en las aguas del mediterráneo.

Además,desgraciadamente cuentan con medios de comunicación que les ayudan a propagar una visión tóxica de los migrantes, atizando así el odio del prójimo.

Swisslatin / Alberto Dufey (04.09.2015)