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Los programas
de la ONU de microcrédito y microfinanciamiento
cumplen en el 2010 cinco años de existencia, desde que
la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó en
el 2005 el Año Internacional del Microcrédito para
erradicar la pobreza.
Pero la
primera agencia en desplegar estos programas, ha sido la
Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los
Refugiados (ACNUR), a partir del año 2000, como una
forma de cumplir su mandato de brindar protección
internacional y promover soluciones duraderas para los
refugiados.
Su objetivo es
facilitar su autosuficiencia y lograr que los refugiados
se constituyan en agentes de su propio desarrollo a
largo plazo.
Aumentar la
autonomía
Según el ACNUR
“el microfinanciamiento puede ser una herramienta
efectiva para reducir la vulnerabilidad de los
refugiados, aumentar su autonomía y también sus
perspectivas de alcanzar una reintegración sostenible”,
según la meta de la Agenda para la Protección (“Logro de
la autosuficiencia para los refugiados”).
De esta forma
el organismo brinda asistencia para el desarrollo a las
comunidades de acogida de refugiados y repatriados con
el objetivo de establecer un entorno que facilite a las
personas mejorar su calidad de vida, como en Colombia,
Argentina, Perú y Cuba, en el caso de los países
latinoamericanos.
Desde su
puesta en marcha, el ACNUR ha venido impulsando
estrategias de financiación con el sector privado y
trabajando con agencias humanitarias y de desarrollo y
con los gobiernos para promover proyectos de
microcrédito.
El proyecto
“Creer” en Argentina
En el caso de
la Argentina, en agosto de 2002, comenzó la
implementación del programa "Creer", (Créditos para
Emprendedores Refugiados), el primero en su tipo en
América del Sur.
Su principal
objetivo ha sido el de contribuir a mejorar la inserción
de la población refugiada en la realidad nacional y en
su comunidad local, a través de créditos a los que
habitualmente no puede acceder por falta de garantías
legales y por carecer de domicilios establecidos en el
tiempo.
Con la
colaboración de expertos locales e internacionales, se
diseñó un plan destinado a refugiados y refugiadas que
presentaron proposiciones comerciales convincentes, que
demostraron su capacidad para administrar pequeñas
empresas y se comprometieran a devolver el crédito en
cuotas.
El programa se
ejecutó a través de la Fundación MyRAr (Migrantes y
Refugiados en Argentina), cuya misión institucional ha
sido contribuir a la inserción socio-laboral del
refugiado y del migrante y que tiene como fines la
prestación de servicios financieros, de capacitación y
asistencia técnica.
Créditos
a otros migrantes
La población
refugiada que vivía en Argentina al momento del
lanzamiento del programa estaba conformada por más de 30
nacionalidades, la mayoría de países africanos, pero
también peruanos, colombianos, irakíes, y bengalíes.
En el 2004
se incorporaron migrantes
y argentinos
que se
encontraban vinculados de alguna manera a las familias
de los “refugiados emprendedores”, una forma para que el
programa de créditos se hiciera extensivo y ayudara
tanto a la economía de la familia como a su inserción en
la comunidad.
En el caso
argentino las mujeres destinatarias llegaron al 43% del
total de créditos entregados, mujeres emprendedoras que
demostraron su compromiso con el trabajo y cumplimiento
en la devolución.
Los créditos
entregados permitieron desarrollar actividades en la
producción textil, cultivo de mariscos, venta de
artículos varios, producción y venta de artesanías
típicas, pequeños comercios (kiosco, verdulería,
almacén, puesto de comida, local de fotografía), local
bailable, peluquería, un cultivo de mariscos, y
transporte menor.
Swisslatin
(06.01.2010) |