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Emotiva despedida para la cortesana más famosa de Ginebra

Prostituta, escritora, y poeta, Grisélidis Réal tuvo una despedida de princesa. Su legado: dignificar la profesión más antigua del mundo.

 


Grisélidis en una foto de los años 70. (Foto LDD).

 

La semana pasada la ciudad de Ginebra le rindió un postrero homenaje a la reina de la noche, Grisélidis Réal, la ramera más famosa de estas comarcas. A su entierro concurrió lo más selecto del mundo intelectual, estudiantes, políticos oportunistas, bohemios consuetudinarios, sus colegas en lágrimas y por supuesto más de algún antiguo cliente nostálgico de sus favores y caricias.

“La reina de Pâquis”, (nombre del barrio rojo de Ginebra donde ejercía la profesión más antigua del mundo), falleció a los 76 años víctima de un cáncer. Toda la ciudad la lloró y le rindió un homenaje que aún se prolonga.

El barrio rojo en duelo

Los acostumbrados a los sepelios no recuerdan un cortejo más concurrido, emotivo y multitudinario como el suyo. El barrio de Pâquis estuvo de duelo toda una semana y su principal calle, “la rue de Berna”, fue bautizada con su nombre. El día de su muerte nadie ejerció, y hasta los “chulos” y proxenetas lloraron sinceramente su muerte.

Los políticos de izquierda pidieron que su cuerpo fuera enterrado en el cementerio de los Reyes, el panteón de la ciudad, donde descansan los restos de las grandes personalidades de la ciudad, como Calvino, la filósofa Jeanne Hisrch, y el escritor argentino Jorge Luis Borges, entre otros ilustres.

La ramera revolucionaria

Sucede que Grisélides Real no fue una prostituta común y corriente. Era la reina de las reinas, quizás no tan famosa por sus hazañas en la cama, sino que por su combate en favor de la profesión, por su carisma intelectual y por su capacidad de haber denunciado la hipocresía de una sociedad mojigata y austera a través de sus escritos.

Grisélides Réal nació en Lausana, cantón de Vaud, en 1929. Pasó su infancia en Egipto, dónde su padre dirigía la Escuela Suiza de Alejandría. Después de la muerte de éste, volvió a Lausana, donde emprendió estudios en la Escuela de Artes Aplicadas de Zürich. Más tarde intentó, sin éxito, vivir como artista-pintor.

Divorciada, madre de cuatro niños, comenzó a prostituirse en Alemania, para sobrevivir, al principio de los años 60. En la década siguiente se convierte en la gran "ramera revolucionaria", tras comprometerse en los movimientos de prostitutas de Lyon y París, que emergen a mediados de los años 70. Cabe señalar que ella misma se proclamaba ramera, "para no ser hipócrita", decía.

Intelectual y creadora

En Ginebra fundó el “Centro Internacional de Documentación sobre la Prostitución” (CIDP) y es también cofundadora de una asociación ginebrina de ayuda a las prostitutas (Aspasie). Más tarde se convertirá en la portavoz de las prostitutas del mundo entero participando en congresos y dando conferencias.

Grisélidis Réal fue invitada durante su vida a numerosos coloquios, particularmente en Bélgica, Francia y Alemania, para defender su causa. Entendía la prostitución como "una función social", pero libre de proxenetas y explotadores.

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Mujer, escritora y poeta


Grisélidis fue también una gran escritora. En sus libros su vida y su obra están estrechamente mezcladas. 

Nada es tibio bajo su pluma y en su búsqueda perdida de intensidad, todo es pretexto para hacer vibrar cada momento de la vida.

Últimamente, los medios de comunicación suizos y franceses se entusiasmaron con dos de sus libros, “El Negro es un color” y “Libreta de baile de una cortesana”, reeditados por Ediciones Verticales.

Grisélides a los 70 años.

El libro “El Paso imaginario”, que incluye la colección de sus numerosas cartas a Jean-Luc Hennig, le inspiraron dos espectáculos a la directora teatral Frances Courvoisier. 

El primero, “Grisélidis”, fue estrenado en el Teatro de Grütli en 1993 y el segundo, “Las Esfinges del Macadán”, por el  Teatro de Pôche, en 2003. 

Esta obra integra también sus poemas de la colección “A fuego y sangre”.

Su obra también ha sido adaptada por otros escenógrafos y presentada en los teatros franceses de Aviñón, Tolosa y París.



 




 

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