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A pesar de que
la pasada Cumbre de la ONU sobre el cambio climático de
Copenhague no concluyó con los resultados esperados por
los medio-ambientalistas, al menos sirvió para que
diferentes ONG se reunieran en foros separados y sacaran
sus propias conclusiones para enfrentar la crisis
ecológica que sufre el planeta.
Numerosas
Organizaciones No Gubernamentales (ONG) acordaron
continuar la reflexión en sus propios países para
continuar avanzando en el plano local sobre medidas
concretas a adoptar, comenzando por el aporte
ideológico, en el debate de ideas.
Fue el caso de
las Iglesias que participaron en un seminario sobre "La
creación y la crisis climática" organizado por el
Consejo Nacional de Iglesias de Dinamarca.
Ante la
pregunta ¿Qué dice la Biblia sobre el cambio climático?
el director del Departamento de Teología Sistemática de
la Universidad de Copenhague Jakob Wolf, respondió que
"no hay ninguna relación evidente entre el evangelio y
el cambio climático",
Sin embargo,
como el cambio climático es consecuencia de la actividad
humana, cae bajo el imperativo de los principios éticos,
porque los seres humanos son responsables de sus actos.
La exigencia ética de amar al prójimo se aplica aquí en
cuanto que el "planeta Tierra se ha convertido en
nuestro prójimo", dijo Wolf, y uno "vulnerable a la
actividad humana".
No actuar
en forma egoista
Según Wolf,
una visión teológica del planeta y de la vida que hay en
él como creación de Dios les confiere un valor
intrínseco, por lo que suscita "respeto y amor". "Cuanto
más amemos la vida sobre la Tierra más dispuestos
estaremos a actuar de forma no egoísta", subrayó Wolf.
Ésta es la
contribución que la fe y la teología cristiana pueden
aportar a la lucha contra el cambio climático: una
motivación que es abarcadora, profunda y "mucho más
vigorosa" que si se basara en "meros cálculos y frías
obligaciones".
Esto es
fundamental, enfatizó Wolf, porque la humanidad "tiene a
mano todos los instrumentos" para adoptar medidas en
relación con el cambio climático. "Lo único que falta es
la voluntad."
El
Apocalipsis bíblico
Por su parte
la especialista en estudios bíblicos Barbara Rossing,
profesora en la Facultad Luterana de Teología de
Chicago, Estados Unidos, estuvo de acuerdo con Wolf en
que "la Biblia no dice nada sobre el cambio climático".
Pero ella cree que los cristianos pueden basar en la
Biblia su respuesta a ese fenómeno.
El punto de
partida de Rossing es la pregunta: "¿Dónde está Dios en
esta crisis?" Ella rechaza la noción de que Dios castiga
a la humanidad y cree, más bien, que Dios "se lamenta
junto con el mundo".
Según su
lectura del libro del Apocalipsis, "Dios llora por la
tierra, no la maldice". Las famosas plagas no son
predicciones, sino amenazas y advertencias, llamadas de
alarma, proyecciones al futuro de las consecuencias
lógicas de los actos humanos si no se cambia el rumbo.
Sin embargo,
para Rossing, el libro del Apocalipsis no anuncia el fin
del mundo, sino el fin del Imperio. Así pues, a pesar de
las actuales pautas insostenibles de consumo y de una
economía basada en el carbono, Rossing encuentra en él
un mensaje de esperanza: "La catástrofe no es
necesariamente inevitable; todavía hay tiempo para
cambiar."
La
dimensión ecuménica del cambio climático
"De forma muy
amenazadora e inquietante, la crisis del clima nos hace
estar unidos como la humanidad una, como la comunidad
una de creyentes, como la iglesia una ", dijo a su vez
Olav Fykse Tveit, secretario general electo del Consejo
Mundial de Iglesias (CMI).
"Estamos
llamados a mostrar un signo de lo que significa ser la
humanidad una, de lo que significa el hecho de que Dios
ama al mundo entero", dijo Tveit. Cuando las iglesias se
reúnen para ofrecer este signo, la lucha contra el
cambio climático "nos une de forma muy especial: como
iglesias, como creyentes".
Tveit, recordó
la larga historia de la preocupación del CMI por las
cuestiones ecológicas. En una perspectiva ecuménica, la
preocupación por la Creación ha estado siempre vinculada
a la preocupación por la justicia y la paz. "No se puede
decir que éste es un planeta para algunos de nosotros",
dijo Tveit, "es un planeta para todos nosotros".
La
supervivencia de un continente
Jesse Mugambi,
de la Universidad de Nairobi explicó que en África el
cambio climático está causando ya graves sequías, por
una parte, e inundaciones, por otra. Con la ayuda de
mapas demostró que las partes del continente ricas en
agua y tierras cultivables son también las zonas de
mayor conflicto. Este conflicto "no tiene nada que ver
con la etnicidad, está relacionado con los recursos",
dijo.
Para Mugambi,
la función de la fe cristiana y de la religión en
general, por medio de sus líderes, teólogos y eticistas,
es la de "hacernos volver a las normas" que puedan
contribuir a afrontar un problema como el cambio
climático.
"No hablamos
de 'ayudar' a los países africanos", dijo Mugambi. "No
es cuestión de 'ayuda', sino de la supervivencia de
todos nosotros".
Swisslatin / Juan Michel (02.01.2010)
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