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Hablar de la
corrupción es un tema tan antiguo y conocido que
denunciarlo a veces resulta como predicar en el
desierto, nadie escucha, pues es una práctica
generalizada, y hay pocos organismos y países que se
atreven a lanzar la primera piedra.
Uno de ellos
ha sido el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon,
que con ocasión de celebrarse el pasado 9 de diciembre,
el Día Internacional contra la Corrupción, (que por
cierto pasó totalmente desapercibido a través del
mundo), volvió a denunciar este flagelo.
A su juicio,
la corrupción frena el desarrollo y constituye uno de
los mayores obstáculos para alcanzar los Objetivos del
Milenio de reducir a la mitad el hambre y la pobreza
extrema para 2015, objetivo que cada vez más se hace
inalcanzable a juzgar por los diferentes informes de los
numerosos organismos de la ONU.
Ban Ki-moon
subrayó que el robo de dinero público y ayuda externa
para obtener beneficios personales disminuye los
recursos dedicados a proyectos de infraestructura y de
interés social.
Como
siempre, los más pobres pagan
“La corrupción también permite que se introduzcan en el
mercado medicamentos falsificados o deficientes y que se
arrojen residuos peligrosos en vertederos y en los
océanos”, dijo Ban Ki-moon.
Recordó que todas estas acciones afectan particularmente
a la población más pobre y vulnerable, sumiéndola en un
círculo de pobreza interminable.
Pero el desarrollo no es la única víctima, alertó el
titular de la ONU, “la corrupción manipula las
elecciones, socava el estado de derecho y puede
comprometer la seguridad. Además, puede afectar
gravemente al sistema financiero mundial, como hemos
comprobado durante el último año”, señaló.
Una
Convención muy poco conocida
En su
llamado Ban Ki-moon recordó a la existencia de un
mecanismos internacional del que poco se habla, la
Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.
Sin embargo se trata de uno de los pocos instrumentos
jurídicos más eficaz del mundo para fomentar la
integridad y luchar contra ese flagelo, pero que
desgraciadamente pocos Estados han adherido.
Pero no sólo los gobiernos endosan una gran
responsabilidad en esto de la corrupción, pues bien se
sabe que el sector privado es uno de los principales
agentes que alimenta la corrupción, especialmente cuando
se trata de obtener suculentos contratos comerciales o
adjudicarse proyectos de gran envergadura económica.
Corresponde
entonces a las empresas de prevenir la corrupción y a
mantener los sobornos fuera de los procesos de
licitación y adquisiciones.
A juicio de la administradora del Programa de la ONU
para el Desarrollo (PNUD), Helen Clark, “la corrupción
desalienta la inversión y mina la capacidad de los
gobiernos de servir a su población”.
Una
empresa privada predica con el ejemplo
Pero no
todo el panorama es negro. La compañía alemana Siemens
se ha puesto a la cabeza en la lucha anti corrupción y
el pasado mes de diciembre, anunció que distribuirá 100
millones de dólares a lo largo de 15 años a entidades
sin fines de lucro que promuevan la integridad en los
negocios y combatan este flagelo.
Se trata de
un proyecto que cuenta con el respaldo del Banco
Mundial. “Esta iniciativa puede cambiar las expectativas
del entorno empresarial, especialmente en aquellas
partes del mundo en que el buen gobierno y la integridad
siguen representando un desafío para la eficacia en
términos del desarrollo”, subrayó el vicepresidente de
Integridad Institucional del Banco Mundial, Leonard
McCarthy.
Siemens respaldará proyectos de prevención y lucha
contra el fraude y la corrupción, así como actividades
que promuevan alianzas para lograr mercados limpios y
una competencia justa y se dará preferencia a los
proyectos que susciten un impacto directo en el sector
privado y tiendan a reforzar las normas de cumplimiento
y los sistemas jurídicos, explicó el ejecutivo del Banco
Mundial.
Es de
esperar que efectivamente esta iniciativa tenga algún
impacto efectivo y no pase más allá de un nuevo gesto
simbólico destinado a crear una buena imagen del sector
privado.
Swisslatin / Alberto Dufey
(28.12.2009) |