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Para la hija menor de Chaplin, Suiza es el país más aburrido del mundo

Jane Chaplin reside ahora en Colombia donde vive con su pequeño hijo autista y escribe un libro sobre su padre.

 


Homenaje a Chaplin en la ciudad de Vevey (Foto Nadine Chuat)

 

Jane Chaplin es la penúltima de los ocho hijos del gran Charlot, es de nacionalidad Suiza, país donde nació y estudió hasta la muerte de su famoso padre. Vinculada durante un tiempo al mundo del cine -fue asistente personal del cineasta checo Milos Forman, escribió varios guiones y trabajó como actriz-, en la actualidad está escribiendo un libro sobre su padre y toda su familia con el título «17 minutos».

Un libro, que busca saldar cuentas pendientes con su progenitor, está inspirado en la única conversación que tuvo a solas con su padre, que duró ese tiempo y tuvo lugar el 17 de noviembre cuando ella tenía precisamente 17 años.

  Ahora vive en Cartagena de Indias, en Colombia con su hijo pequeño; el otro de 18 estudia en California.  De Suiza Jane no conserva buenos recuerdos y no tiene empachos en decirlo cuando se lo preguntan.

“No me hable de Suiza. Viví allí mis primeros 19 años. Terrible. No quiero saber nada de ese país. Me han llamado mis familiares para que aproveche estos días y me acerque a visitarles. De ningún modo. Allí no se me ha perdido nada”, afirma.  

¿Charly Chaplin fue un padre moderno para usted?

”No. A mí me tuvo cuatro años en un colegio de monjas, pero hice la revolución por mi cuenta. Era muy disciplinado y quería inculcarnos una educación victoriana. La tele, para él, era mala. De hecho, fuimos la última casa del mundo en tener tele”.

¿Le reprocha algo a su padre?

¿Aparte de lo de Suiza? Sí. Todos le adoraban pero siempre pensé que estaba más pendiente de las adulaciones de fuera que de otra cosa. Pero deje que me reserve cosas para el libro que estoy preparando al respecto.

¿Iban al cine?

"Nunca fui al cine con él. También hay que tener en cuenta que vivíamos en Suiza, el país más aburrido del mundo. No entiendo qué pintábamos allí.

¿Usted ve en Chaplin al genio del que hablan sin discusión todos los amantes del cine? 

”¿Genio? No sé si mi padre es un genio. Me encantan sus películas, pero no me gusta utilizar ese tipo de términos. Recuerdo cuando estrenaron en Londres la película que Richard Attenborough hizo sobre mi padre. Acudí con Geraldine y con nuestros respectivos maridos. Ellos salieron del cine llorando; nosotras, riéndonos. No habíamos visto nada anormal”.

¿Y usted en qué anda ahora en Colombia?

”En el libro sobre mi padre y mi familia. En Colombia no actúo. Escribo y punto”.

¿Qué ha visto en Colombia que no haya encontrado en otros lugares en los que ha vivido?

”He vivido en Suiza, París, Londres, Madrid, Estados Unidos y, ahora, en Colombia. Por el momento me quedo allí. Mi hijo pequeño es autista y se siente muy a gusto con la gente latina. En Cartagena de Indias ha progresado muchísimo en su aprendizaje. Es un niño muy sensitivo, y los hispanoamericanos tienen esa sensibilidad de la que carecen los gringos”.

Le gusta más hablar de sus hijos que de su padre.

”Sí. Es curioso que mi hijo pequeño sea el último nieto de mi padre y que no hable. Mi hijo viene del silencio, como Charlot. Los dos vienen del silencio.

Swisslatin – Rafael Sarralde

Charly Chaplin vista por su hija menor

Él trabajaba todo el tiempo. Aunque estaba en casa con mi madre, era difícil mantener conversaciones a solas con él. Siempre estaba rodeado de gente.
-¿Hablaba de sus películas?
-Sí. En Navidad solíamos ver algunas. También en cumpleaños.
-¿Solía contar muchas batallas de sus años dorados?

-No, no era el típico nostálgico idiota. No hablaba de sus proezas en el celuloide. 

Gonzalo Justiniano, Jane Chaplin y Emilio Herasme.

No era un viejo pesado. Vivía el presente.

-¿Y qué les ha transmitido de todo lo que aprendió de su padre?

-El valor de la disciplina. Mi hijo mayor quiere ser actor. Le he hablado de la importancia del esfuerzo y del sentido del humor. La vida hay que tomársela con muchas risas. 

No hay que ser dramático. Mi padre también me enseñó a no tener miedo al ridículo. Él me dijo en una ocasión que hace falta mucho valor para hacer el ridículo.

R.S.


 




 

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