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Patricio
Herrera fue el primer chileno exiliado en ser elegido concejal en un
municipio suizo. Por esas coincidencias de la vida, esta entrevista se
realizó en momentos en que Augusto Pinochet se acercaba al final de
sus días. Hacemos un alto para referirnos a su muerte y la entrevista
sigue.
Pinochet
falleció este domingo 10 de diciembre y para este exiliado, sólo hay
que lamentar que murió sin que fuera condenado por todos los delitos
que cometió. Es un sentimiento compartido por una gran mayoría de la
comunidad de chilenos residentes en Ginebra.
En
opinión de Patricio Herrera, "su muerte no debe poner término a
los juicios abiertos, porque hay familias de desaparecidos que siguen
pidiendo justicia. Tras la muerte de Pinochet quedan los responsables
de su régimen, que deben aún responder por las atrocidades cometidas
durante los años de dictadura".
Al
comienzo fue el exilio
Este chileno de Temuco, con estudios universitarios de
servicio social en la Universidad de Chile llegó a Suiza en 1979 como
exiliado político. Hoy es un ciudadano suizo y concejal por el
Partido Socialista en la comuna de Vernier, cantón de Ginebra.
Lejos están los años en que Patricio Herrera dedicaba su
vida a la causa de la resistencia chilena, contribuyendo con su grano
de arena, al retorno de la democracia, pero sobretodo, organizando la
solidaridad.
Esto no quiere decir que el concejal
haya cambiado de trinchera o se olvidara de su país, muy por
el contrario, pues a pesar de poseer ahora un pasaporte helvético y
estar integrado plenamente en la sociedad suiza, su corazón sigue
latiendo por la patria de origen.
Recordar para no olvidar
En momentos en que la noticia del final de vida para el
dictador Augusto Pinochet vuelve a ser actualidad, Patricio Herrera
recuerda 1970, cuando tenía sólo 23 años y trabajaba en el gobierno
de la Unidad Popular en Temuco, como jefe del departamento de
desarrollo, de INDAP, el organismo estatal para el desarrollo agrícola.
Por esa función fue despedido una vez consumado el golpe
militar de Pinochet en 1973. Obligado a vivir en la clandestinidad,
perseguido y encarcelado, consiguió finalmente exiliarse en Suiza en
1979. Llegó a Zürich.
Patricio Herrera es en cierta medida un testigo y
protagonista de este periodo histórico chileno, y su memoria se
conserva intacta, sobre todo la del periodo de lucha clandestina
posterior al golpe, en ese entonces en las filas de las juventudes
radicales revolucionarias.
Una familia unida
Han transcurrido 27 años de la llegada de Patricio Herrera
a Suiza, una vida que comparte con su esposa Lucy, que trabaja en
Ginebra como educadora, especializada en personas con deficiencias
mentales. Tienen hijos, todos educados y formados en Suiza.
Fernando de 32 años es ingeniero químico y trabaja en la
firma más importante biotecnología de Ginebra, SERONO y su hija de
30 años es médico, establecida actualmente en Payerne, en el cantón
de Friburgo. El concejal ya es abuelo y subraya orgulloso, “somos
una familia unida”.
Exilio y desilusión
Sobre el exilio mantiene, sin embargo, un sentimiento de
desilusión. En particular con el trabajo político, especialmente
durante los años 80. “Era un trabajo muy distante con la realidad
del país", sostiene.
“En Suiza la actividad política era en esos años muy
burocrática, acá la gente tenía como prioridad resolver sus propios
problemas. Creo que existió un bajo sacrificio personal en los
militantes. Para muchos la llamada ‘beca Pinochet’ fue una
realidad”, afirma.
En 1981 Patricio Herrera consiguió establecerse en Ginebra
gracias a los contactos de su primo Julio Castro, que trabajaba en
una empresa de cine. Al poco tiempo entró a trabajar en el Consejo
Mundial de Iglesias.
Trabajo con los refugiados
Tras convalidar su diploma de asistente social comienza a
trabajar en una asociación ginebrina de ayuda los requirentes de
asilo AGECAS. Trabaja en el sector de menores no acompañados, que por
ese entonces en su mayoría eran africanos y balcánicos.
“Como Chile dejó de ser prioritario en mi lucha y los
chilenos tomaron en sus manos su destino, me entregué a la vida
asociativa en los mecanismos de participación política que ofrecía
mi barrio de residencia”, agrega.
Participa en la Asociación de casas culturales en el
barrio de Lignon, en Ginebra, donde será elegido presidente por
varios años. Pero tampoco olvidará el trabajo de solidaridad y junto
a otros chilenos será miembro fundador de la Asociación de Chilenos
Residentes de Ginebra.
La integración en la sociedad suiza
Pero en esta etapa de su vida, su objetivo ahora es la
integración plena en la sociedad ginebrina. Se naturaliza suizo y en
1985 adhiere al Partido Socialista helvético, donde integra la comisión
de solidaridad internacional.
En el 2002 es designado por los socialistas para integrar la lista de
candidatos al municipio de Vernier, la segunda comuna más numerosa
del cantón de Ginebra con 43 mil habitantes. Fue elegido con la 5ta
mayoría, lo que no deja de ser significativo, pues a pesar de su
pasaporte suizo, la consonancia de su apellido sigue siendo extranjera
para muchos electores xenófobos.
(En
la foto en la Alcadía de Vernier).
En el seno del parlamento comunal Patricio Herrera es
llamado a integrar la comisión de naturalización, encargada de
examinar las demandas de extranjeros candidatos a la ciudadanía suiza.
Un poco irónico, sonríe, pues precisamente en el pasado el debió
pasar por esa misma comisión.
La hora del balance
Con todo este bagaje político y social, surge la pregunta
inevitable: ¿Entonces te sientes definitivamente integrado en la
sociedad suiza?
“Yo quisiera sentirme integrado a 100%, pero una persona
del Tercer Mundo, a pesar de tener pasaporte suizo, en el fondo sigue
siendo considerada como un extranjero y eso es un factor muy
limitante”, subraya.
Es su principal crítica a su experiencia política en el
plano comunal. Pero valora esa posibilidad que tiene todo ciudadano
para ejercer sus derechos, en particular la de hacer uso del referéndum
para legislar.
En el plano político estima que hay conciencia que hay
muchas cosas que cambiar, pero en Ginebra no hay alternativas y no se
sabe para donde hay que cambiar. Lo positivo, agrega, es que el
sistema garantiza un mínimo de vida al 99% de la población:
“Tener un techo, acceder a la salud y a la educación
gratuita es un derecho mínimo asegurado en este país y hay que
seguir luchando para evitar que los perdamos”, subraya este antiguo
militante de la resistencia chilena.
Swisslatin, Nelson Muñoz y Alberto Dufey
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