|
En medio de las colinas montañosas del cantón del Valais,
entre Sierre y Crans-Montana se encuentra el pequeño poblado de
Darnona. Allí rodeado de viñedos que miran hacia el cielo se
encuentra la propiedad de la familia de Daniel y Jacqueline Besson – Wyder,
campesinos originales.
Jacqueline proviene de un poblado cercano a
Darnona, Loëch y cuando le preguntamos su oficio, no duda en declinar
el de “campesina diplomada”, es decir agricultora con estudios en
una escuela superior.
Su esposo también es diplomado, pero en
jardinería, aunque su verdadero oficio son las múltiples tareas del
agro, como el pastoreo, la crianza de cerdos, y la producción de
jugos de manzana biológicos. Es originario de Auvergne, en Francia,
pero reside en Suiza desde 1982, año en que conoció a Jacqueline.
Lucha contra el alcoholismo
En los paradisíacos paisajes de Darnona ocupan
una bella casa que en el pasado perteneció a Jean Perrin, un pastor
de la Iglesia reformada, militante de la lucha contra el alcoholismo,
que en el siglo pasado implantó un centro de rehabilitación, en
pleno centro productor de vinos...
Jacqueline y Daniel son sus dignos sucesores,
pero ya no en la rehabilitación de alcohólicos, si bien hace un par
de años, pusieron a disposición su espacio para ayudar a los jóvenes
drogadictos en cura de desintoxicación.
Un nuevo concepto
Desde el año 2003 introdujeron un nuevo
concepto, el de albergar viajeros a cambio de unas horas de trabajo.
Se trata de otorgar la oportunidad a jóvenes que desean conocer un
aspecto de Suiza, como en este caso la vida agrícola en esta parte
montañosa del Valais.
Los
viajeros son alojados y alimentados a cambio de horas de trabajo
cotidiano. Comparten actividades laborales, sociales y familiares
junto a los demás miembros de la comunidad, en particular con sus
hijos, que a parte de estudiar, trabajan en las faenas agrícolas con
el mismo ahínco que sus padres.
(Un
aspecto de Darnona, Foto N. Chuat)
En su granja-casa, los Besson Wyder ofrecen a
los turistas-visitantes la ocasión de conocer de cerca el oficio de
la pequeña ganadería. Daniel se ocupa de subir a los alpajes montañosos
su tropel de cabras, de vacas, caballos y otros animales domésticos.
Su mayor orgullo es la producción de cecinas que fabrica el mismo y
que proviene de la raza "mangolitza".
“Es un cerdo que se aparenta al jabalí, no
engorda mucho porque se alimenta de pastos y otros cereales que
encuentra a su paso, lo que le confiere a la carne un sabor diferente
y con menos contenido en grasas, ideal para las personas que tienen
problemas de sobre peso o de colesterol”, explica Daniel.
El testamento de la sidrería
A su vez Jacqueline se ocupa de la casa-granja
y de la fábrica de jugos pasteurizados. En las horas “pick” el
olor de frutas y de pastelería se siente a varios metros de la
laderas que bordean la propiedad.
Durante el verano, la “sidrería”, como la
llaman, procesa las manzanas y otras frutas que los vecinos aportan
para fabricar jugos 100% biológicos. Jacqueline precisa que producen
sólo jugos y no sidra, pues el testamento del pastor Perrin así lo
dejó estipulado, al momento de transferir el local a la asociación
de lucha contra el alcoholismo, la cual ellos también administran.
Acoger latinoamericanos
En
estas tareas y otras actividades sociales son integrados los jóvenes
que llegan a través de esta forma de intercambios. Hasta ahora, los
interesados provienen esencialmente de los países anglófonos, pero
ahora desean ampliar la experiencia a los países latinoamericanos.
(Jacqueline
y su hijo Sebastien en la sidrería)
“Hasta ahora hemos recibido a jóvenes que
hablan español por amor a ese idioma, pero no tenemos experiencias
con latinoamericanos que desean conocer la vida agrícola de los
campesinos suizos como nosotros”, subraya Jacqueline.
Proyectos en curso
Estos suizos, campesinos enamorados de la
agricultura no descansan. Ahora trabajan en ampliar la casa y
construir un gran comedor para compartir entre los visitantes. Otro
proyecto es abrir un negocio de alimentos, frutas y verduras, que en
el poblado no existe. De esta forma, Jacqueline piensa comercializar
sus deliciosos dulces, mermeladas y conservas elaboradas en el más
estricto respeto de la naturaleza.
Por cierto, no hay que olvidar las numerosas
frutas que provienen de sus árboles de su propiedad, que tienen la
particularidad de no haber sido tratados con ningún producto químico.
“Aquí las ciruelas y duraznos huelen todavía a frutas”, sostiene
Daniel con mucho orgullo.
Swisslatin
/ Aldu |