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Willy, un suizo pasador de fronteras

A sus 57 años desafía la autoridad ayudando a entrar a Suiza a los sin papeles. Un encuentro en la red 30 años después con un hombre solidario.


La solidaridad es un acto de amor que a veces pasa en la sombra, dice Willy  (Foto Sapo)

 

La vida tiene muchas vueltas, y precisamente una de ellas ha sido encontrar en la telaraña de la red a Willy, un antiguo militante de la solidaridad latinoamericana en los tiempos de las dictaduras militares. Combatió junto a los revolucionarios sandinistas, fue correo de los exiliados chilenos en Suiza, se embarcó en una brigada de apoyo a los zapatistas, y ahora a sus 57 años sigue luchando por los “sin papeles”.

Nos encontramos en foro Internet de emigrantes ilegales. Tras un breve intercambio de mensajes convenimos al final en una cita para una semana después en un bar de la Limatrasse en la ciudad de Zúrich. Allí descubrimos que nos habíamos conocido en Ginebra.

Todo comenzó en el foro de Internet:

El Veto:  Propongo de montar una ONG y llamarla “Pasadores de fronteras Sin Fronteras” para burlar el cierre fronterizo de Blocher...

(Silencio en el foro, nadie responde). Tal vez una broma...

Nube: Así que provocando el hombre...

El Veto: No, va en serio. ¿Y tu quién eres? No te había encontrado antes en este foro...

Nube: Aquí de paso, buscando algún tema para escribir... Para una propuesta como la tuya hay que tener cojones, una sólida retaguardia jurídica, o a lo mejor eres un policía que intenta infiltrar a los ilegales...

El Veto: Así que periodista ah! Y buscando tema. Bueno te propongo el mío, soy un pasador de fronteras, pero no un delincuente que se gana la vida explotando a los pobres refugiados o emigrantes ilegales. No soborno a la policía ni me hago pagar por los servicios. Lo hago por solidaridad. Ya lo hacía antes con los refugiados chilenos y argentinos en la época de las dictaduras...

Nube: Así que se las trae “El Veto”, eso promete. Me recuerdas a un suizo alemán que conocí en los años setenta que militaba con la resistencia latinoamericana. Ayudaba a pasar las fronteras en su auto a militantes que llegaban Suiza en busca de asilo.

El Veto: ¿Y cómo se llamaba?

Nube: Nunca supe su verdadero nombre. Pero su nombre de combate era Willy, “Willy el suizo”, le decíamos.

El Veto: Me parece que yo también lo conocí. Dame otro dato.

Nube: Era rubio y siempre llevaba una barba del mismo color, suizo alemán, hablaba como 5 idiomas. En esos años vivía en San Gall, pero estaba en todos los mítines políticos de Suiza, siempre con su boina a lo Che Guevara...

El Veto: Creo que también lo conozco. Sé donde ubicarlo. Estuvo algunos años fuera de Suiza pero regresó, si quieres te hago un contacto y así lo entrevistas...

Nube: Me parece una buena idea. Bajemos a privado y nos ponemos de acuerdo.

El Veto: OK.

Fue así como surgió el encuentro. La sorpresa fue grande cuando me enteré que “El Veto” y el Willy eran la misma persona. Ahí supe que había escogido para chatear el nick de “El Veto” que correspondía a “el Helveto”, uno de sus nombres de combate que le dieron en la guerrilla nicaragüense. Pero él pensó que Nube era un nick de mujer y por eso organizó la cita...ja!

Charlamos de todo, de la vida. Tras tantos años defendiendo causas perdidas, ahora se siente útil ayudando a pasar las fronteras a ilegales que lo contactan para entrar a Suiza. Es más que un trabajo, que un oficio, es una especie de sacerdocio que practica con devoción casi mística.

“Pienso que es un derecho de todo humano circular libremente por el mundo en busca de una mejor vida. Las fronteras no deberían existir, de hecho no existen para las transnacionales y los ricos. Sólo para los pobres, para los que buscan trabajo...”.

El Willy reconoce que su desafío a la ley tiene también algo de provocación. “Es lo único que nos va quedando, la insumisión”, dice. Burlando las fronteras se juega el pellejo, pero a esta altura de la vida no teme nada. Pudo haber muerto en una cárcel de Pinochet o bajo las balas de “la contra” en Nicaragua, “pero no fue mi hora”, responde lanzando una carcajada.  

¿No corres el riesgo que te acusen de traficante de seres humanos?  

“Corro el riesgo que me acusen de todo. Pero yo no trafico, no gano dinero, ni es mi negocio”, explica. Ayudo a pobres desamparados, personas que le han negado una visa a pesar de que tienen un pariente legal en Suiza. Es una injusticia”, agrega.

“En este país de la abundancia y la riqueza hay lugar para todos, reitera. Es normal entonces que la gente se desplace donde hay que comer. Es el primer instinto animal del hombre...”

El encuentro se transformó en nostalgias y botellas de vino compartidas en la soledad de la noche. Me despedí de Willy que se quedó sumido en su oscuro entendimiento, sin comprender que Nube no era una mujer.

Swisslatin -Alberto Dufey

 

Un militante inclaudicable

Willy es un suizo alemán radicado en Ginebra. Un militante de la primera hora de las causas revolucionarias latinoamericanas. Pero ahora a los 57 años, el paso del tiempo ha dejado sus huellas. Está viejo y un poco enfermo por tantas noches pasadas a la intemperie y una vida sacrificada, austera, con momentos en que incluso conoció el hambre. Raro para un suizo, pero sucede.

Aún conserva su larga barba, que ahora es blanca y ese aspecto de un filósofo aguerrido con el que intervenía en las reuniones políticas de solidaridad. Siempre ha militado a la izquierdas de las izquierdas y hoy más que nunca se define como un “anarquista” a muerte. Confraterniza con los militantes de la antiglobalización, pero se define como un hombre de acción, un “pasador de fronteras”.



 




 

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