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Suiza  principal centro de remesa de dinero proveniente de la explotación sexual

Mujeres dominicanas víctimas de redes internacionales de la prostitución. Reportaje.

 


La prostitución forzada preocupa a las autoridades suizas (Agencias)

 

Suiza es uno de los países europeos que contribuye al envío de remesas provenientes de la prostitución y ciudades como Zürich y Biel, albergan centros dedicados a la explotación sexual de dominicanas. 

En Ginebra muchas dominicanas trabajan en el servicio doméstico y en los “bares a champaña”. En Lausana existen redes de comercio sexual de lujo que emplean a mujeres de este país caribeño, según revelan dos estudios.

El 86% de las remesas que llegan al país desde Europa son enviadas por las aproximadamente 100,000 dominicanas, el 50% de las cuales se dedica a la prostitución, según una investigación de la socióloga Irma Nicasio, del Comité Interinstitucional de Protección y Apoyo a la Mujer Migrante y a las Traficadas con Fines de Explotación Sexual.

Un informe de la OIM

Por su parte la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), con sede en Ginebra, estima que unas 50.000 dominicanas son tratadas fuera de su país con fines de explotación sexual.

La OIM denuncia además que en la República Dominicana se ha aceptado culturalmente que las mujeres sean explotadas.

"Hemos tenido casos de mujeres que llaman a su casa pidiendo ayuda y la familia les responde que se aguanten, que tienen que terminar de pagar la deuda y comenzar a mandar dinero", asevera Fanny Polania, responsable de un programa de reinserción y de retorno de mujeres dominicanas de la OIM.

Por su parte Irma Nicasio, quien hizo una investigación sobre las emigrantes dominicanas en España, Estados Unidos, Suiza e Italia, sostiene que alrededor 60 mil dominicanas viven en España dedicadas al servicio doméstico. Además encontró que otras 50 mil se dedican "al trabajo sexual" en España, Suiza, Italia y otras naciones europeas.

Las “remesadoras helvéticas”

El estudio de la socióloga logró determinar que 127 remesadoras provenían de la prostitución en Suiza. Las mujeres dedicadas a ese trabajo envían mensualmente 800 euros cada una como promedio. 

De acuerdo con la investigación, una gran parte de las mujeres que se dedica "al trabajo sexual en Europa", ha sido víctima de la trata, incluso muchas están encerradas en "clubes" a la orilla de carreteras y les han quitado sus pasaportes, de manera que no pueden retornar al país.

La socióloga agrega que la mayoría de las víctimas de este tráfico son jóvenes que van engañadas, ya que les ofrecen trabajar como bailarinas, pero cuando llegan allá las meten en un prostíbulo y algunas son muy maltratadas.

Maltrato que a veces es efectuado por las mismas autoridades de inmigración, pues las leyes ahora son más rígidas y están deportando a las dominicanas que llegan como ilegales y aquellas no pudieron arreglar sus papeles.

Testimonios

Sus historias se parecen: tienen entre 20 y 25 años, son madres solteras (con dos y tres hijos) y de bajo nivel económico y educativo, lo que las hace más vulnerables.

Entre los destinos más comunes en Europa están España, Holanda, Bélgica y Suiza.

Muchas de estas mujeres han recorrido toda Europa de club en club, de prostíbulo en prostíbulo.

"Sí, a algunas les dicen que van a ejercer la prostitución, pero lo que no saben es que nunca ganarán lo suficiente para pagar las deudas ni las multas que les imponen, que van a ser explotadas, a dormir hacinadas, en lugares clandestinos", denuncia Fanny Polania.

Tampoco saben que no tendrán servicios médicos, que en muchos casos no les van a dejar usar condones, que van a ser maltratadas física y psicológicamente.

Mercedes Valenzuela, de 34 años y de Santo Domingo, sabe mucho de todo esto. Hace 10 años, cuando tenía 24, dejó su empleo en una zona franca y a su hija de cinco años, y se fue a Suiza "a trabajar en una oficina". Nada que ver. Quiso volverse.

La odisea de Zürich

Llegó a Zürich, donde la esperaba una conocida que le dijo: "No te preocupes, yo te voy a conseguir un trabajo para que puedas comprar el pasaje de regreso".

La llevó a un cabaret que funcionaba de prostíbulo de lujo y no pudo salir de él en cuatro años. Todavía tiene las marcas que cada día le recuerdan la pesadilla que vivió."Me pasaron muchas, muchas cosas feas", reconoce.

Logró escapar, se comunicó con su familia, que la daba por muerta y, gracias a la ayuda de la organización dominicana Centro de Orientación e Investigación Integral (COIN), pudo regresar a su país hace tres años.

Ahora, está a punto de finalizar el bachillerato y reza, cada día, por encontrar un empleo que le permita mantener a su hija. Precisamente, por lo mismo que dejó la República Dominicana.

Yuli, también de Santo Domingo, cuenta su historia. Con 22 años y una hija de seis, a los 17 comenzó a ejercer la prostitución en la capital dominicana.

Al poco tiempo le ofrecieron irse al extranjero.

"Me dijeron que iba a trabajar de bailarina, que como era bonita allí me iba a ir muy bien".

No fue así. Se endeudó para pagar el pasaje y los trámites de visado e hipotecó la casa familiar.

Cuando llegó, la llevaron a un club en las afueras de la capital, donde trabajaban otras 100 jóvenes. En cada habitación dormían entre cinco y siete mujeres, y a veces compartía la cama con otras dos.

Pagaba por una cama

Su sueldo de bailarina era de 800 euros al mes, pero no le dijeron nada de los famosos "descuentos", de las multas cuando se "portaba mal", cuando llegaba tarde, cuando no hacía lo que le decían o por un seguro médico que cuando lo necesitó nunca apareció.

Después de bailar, "para no regresar a casa sin nada", se acostaba con los clientes.

Cuando estas mujeres regresan a República Dominicana, comienza la otra historia: muchas tienen vergüenza y miedo de las recriminaciones de su familia, algunas han querido suicidarse, otras llegan con problemas de adicciones.

El año pasado, 185 de estas mujeres regresaron a la República Dominicana gracias a un programa de la OIM, que les ayuda a reintegrarse y a ser dueñas de su propio destino, según explica Fanny Polania.

Swisslatin / Aldu

Sexo y trabajo doméstico

La socióloga Irma Nicasio explica que las mujeres dominicanas que trabajan en la prostitución envían mucho más dinero que las demás, porque ganan por hora, mientras las trabajadoras domésticas reciben un salario mensual. 

En promedio una empleada envía 600 euros como promedio

"Pero la ventaja de las domésticas es que muchas envían casi todo el dinero, porque viven dentro de la casa que las emplea y no tienen que pagar dormitorio ni comida, mientras que las prostitutas sí tienen que pagar".

Además, dijo que quienes ejercen la prostitutas tienen la desventaja de que hay unos intermediarios que son quienes las manejan, sobre todo en Italia, donde la prostitución se ejerce en las calles, incluso a algunas las matan para quitarles el dinero.

La socióloga destacó, sin embargo, que muchas dominicanas residentes en Europa han logrado estabilizar su situación, incluso una parte de las que trabajan en Suiza y en España en quehaceres domésticos han logrado llevarse consigo a sus maridos e hijos, ayudadas por sus empleadores quienes se ocupan de arreglarles sus papeles.

Un caso con más suerte

Yuli tuvo algo más de suerte. A los siete meses de estar en el extranjero regresó a Santo Domingo, y ahora, gracias a la ayuda de varias instituciones que luchan contra la trata, ha dejado la prostitución y estudia informática.

También va a los clubes nocturnos, donde da charlas a las trabajadoras sexuales sobre sus derechos y las enfermedades de transmisión sexual.

"Ninguna mujer debe ser explotada. A nosotras nos discriminan, nos dicen putas, pero nadie nos pregunta cuántos hijos tenemos, dónde está el padre de esos niños, qué historia tenemos detrás, quién nos ha explotado", dice.


 




 

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