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Una entrevista-chat

 

"El Klein", un clandestino rebelde

Pintura de Pierrick Allemand: "Hotel des Clandestins"

 www.artweb-market.com/ pierrick_allemand.htm


Al “Klein” lo encontré participando en un foro sobre “los sin papeles” en Internet bajo el seudónimo de “invisible”. Me pareció consecuente su posición, un desafiante. Lo invité a conversar en privado y aceptó de hablar sin pelos en la lengua, como prometió, acerca de su experiencia de indocumentado en Suiza.

El tema está candente, pues hace unas semanas el Parlamento dio otro giro de tuercas para apretar la ley de asilo y en particular la aplicación de drásticas medidas para expulsar a los extranjeros ilegales. En tanto, los sin papeles se organizan e intentan de sacar la voz al amparo de las pocas organizaciones de solidaridad que existen.

La ampliación de las fronteras suizas a los trabajadores de Europa del Este complicó aún más la precaria situación de los emigrantes latinoamericanos, que pasaron ahora a integrar el “tercer círculo”. Además, la nueva ley de extranjería sólo otorgará permiso a extranjeros altamente calificados.  Se acabaron los permisos para trabajos de poca monta, para los trabajillos que los suizos no querían hacer. Resultado: aumento de las expulsiones manu-militari y cientos de extranjeros condenados a vivir en la ilegalidad.

El testimonio del Klein, realizado a través de un chateo en Internet, (un medio que permite a lo sin papeles no ser infiltrados tan fácilmente por la policía), es una contribución al debate, una experiencia de vida, asumida a su manera.

Swisslatin: ¿Porqué insistías en el foro en que hay que desdramatizar la situación y asumir la condición de clandestino?

El Klein: Porque no sirve de nada ponerse a llorar y andar pidiendo asilo en las Iglesias. Tarde o temprano te van agarrar y no puedes estar todo el tiempo escondido. Hay que vivir en la normalidad, sino estay jodido.

S: Es decir,  ¿el trabajo de solidaridad de las pocas organizaciones que existen no sirve para nada?

E.K: Claro que sirve, pero eso es político. Un resultado a largo plazo, p’a crear conciencia pública entre los suizos cristianos y solidarios. En lo inmediato conseguirán 5 o 10 permisos humanitarios para los más cagados, pero eso no soluciona el problema de montones de ilegales.

S: ¿Y qué propones, cuál es tu estrategia?

E.K: Simple, asumir la condición de clandestino. Hacer de la situación ilegal una forma de vida. Todo ser humano tiene derecho a vivir en este mundo y hay que luchar, defenderse para que no te corran. Un poco de dignidad hay que tener. De todas maneras desde que el mundo es mundo han habido huevones fuera de la ley. Hay que vivir como en la canción de Manu Chao: Clandestinos.

S.: ¿Es tu canción preferida?

E.K:: Manu Chao no sólo es mi ídolo, su canción es un poco como la internacional de todos los clandestinos del mundo...

S: ¿Y que puedes aportar tu como experiencia?

E.K: Mucha. Si querís saber, llevo como 20 años de clandesta en este país. Creo que llegué en esa condición. Me vine siguiendo a mis padres que aprovecharon el golpe de Pinochet y se vinieron como refugiados a Suiza.

S: ¿Y qué pasó contigo?

E.K. Cuando se vinieron a pedir asilo yo ya era mayor. A mis padres nunca le dieron el asilo porque no pudieron probar que eran perseguidos políticos. Tal vez no lo eran, pero en Valparaíso, de donde venimos, éramos todos víctimas de Pinochet. La miseria. Al final los viejos recibieron un permiso humanitario, pero yo no.

S: ¿Y qué hiciste?

E.K: Me tuve que ir nomás. Me pusieron en un avión y a nadie le importó que iba a pasar conmigo. Pero a penas pude me volví de nuevo. Ahí comenzó mi vida de clandestino.

S: ¿Y de qué vivías?

E.K. De la solidaridad familiar, de los amigos. Los de Valparaíso éramos un gran lote y yo no era el único huevón en la misma situación. Nos ayudamos uno a otros. Tejimos una gran red, mucho más solidaria que los partidos políticos. Al principio me escondía en las bibliotecas públicas, a ningún poli se le ocurre de buscar a sin papeles en una biblioteca...

S.: ¿Pero, y después?

E.K.: Para que mis viejos no tuvieran problemas con los polis, me fui a San Gallen, a casa de unos amigos un poco patos malos, pero buena gente. Ellos que chamullan el alemán me pusieron  “el Klein” porque soy un huevón chico.

S: ¿Y de que vivían?

E.K.: De cualquier trabajillo. Ahí descubrí que existía otro mundo, el de los fuera de la ley. Siempre había algo que hacer, descargar camiones, lavar platos, reparar e instalar radios en los autos, trozar carnes en un frigorífico, ayudar a vestir difuntos, hacer de maestro chasquilla.

S: ¿Y sin papeles?

E.K: Qué pregunta más huevona, claro que sin papeles!. Lo que pasa es que la gente que te da trabajo lo sabe y no le importa, al contrario, le sacan provecho al asunto, porque te pagan menos y no tienen que pagarte cotizaciones, ni seguros, ni nada. Conozco una mina que lleva toda su vida trabajando como empleada doméstica en casa de unos suizos que están en la alta política, trabaja al negro; y así ene de gente en lo mismo.

S: Pero tu llevas muchos años de ilegal, cuesta un poco creerlo... ¿no?

E.K: Es tu problema. Para entender hay que pensar que nunca uno esta solo, la familia con papeles te ayuda, te protege, no te abandonan. Eso es solidaridad pura. Como ya dije en el foro, hay que actuar normal, ser uno más del grupo, no andar escondido como las ratas. Es falso decir que los clandestinos vivimos como ratones; al contrario, nos gusta la vida, y esta condición es un desafío permanente. No hay fin de semana que no vaya a una discoteca, a una fiesta latina.

S.: ¿Y cómo lo haces cuando necesitas ir al médico, hacer uso de los seguros, comprar un auto, hacer trámites?

E.K.: Ya te dije, somos una mafia. Nos cambiamos identidades, falsificamos. Estamos obligados, ¿nunca escuchastes decir que a situaciones extremas, respuestas extremas? Yo he trabajado hasta de chofer, con un carnet falso...

S: ¿Y la policía, no le tienen miedo, cómo lo hacen para evitarla?

E.K.: Uno se acostumbra. La evitamos actuando normal nomás. De tanto seguirnos terminamos a veces conociéndonos. Un poli joven se metió una vez con nosotros para infiltrar una red de droga de Yugoslavia. Dijo que sabía que éramos ilegales pero mientras no hubiera orden de un juez no nos haría nada. Al final, de tanto frecuentar en Zürich las fiestas latinas se enamoró de una brasileña. El huevón culea con ella y la tiene como amante. ¿Cachai? El poli tiene miedo ahora que lo delatemos pues es ilegal lo que hace, engaña a su mujer y protege a su brasileña...

S: ¿Es extraño que tantos años viviendo de clandestino y con familia legal no hayas logrado regularizarte?... 

E.K: Lo que pasa es que estoy con una orden de expulsión de 5 años...

S.: ¿Por qué, te sorprendieron en algo reprensible?

E.K: Ya te dije, a situaciones extremas, respuestas extremas. Cuando me pillaron, me metieron preso y después me echaron. Esa vez tardé un año en volver a Suiza. Ahora si me pillan me voy derecho a la cana. Es la regla del juego...

S.: ¿Y los amores, estás casado, tienes novia?

E.K. Soy libre como el viento...Estuve un tiempo metido con una compatriota que tenía permiso C, pero la huevona me sacaba en cara todos los días que yo estaba con ella sólo por los papeles. Al final me cansé y le di filo. Uno tiene su orgullo también. Además, en este país nunca falta la oportunidad de echarse un polvo.

S: Me da la impresión que eres una persona preparada, con estudios...

E.K.: Ah! Por eso me encantan los encuentros por Internet, uno se imagina grandioso al otro; yo a ti te veo como esas minas periodistas románticas en busca de aventuras....

S.: Te equivocas, soy un hombre...

E.K:: Entonces, ¿por qué utilizas el nick de “nube” para chatear conmigo...?

S.: ¿Cuál es sexo de las nubes?

E.K:  No huevís po! Volviendo a tu pregunta, soy autodidacta. Estudié en la universidad de la vida. Ahora por ejemplo me reciclé en informática. Comencé reparando computadores para los amigos y ahora estoy en programación. Soy un especialista en piratear música, películas, programas y a veces hasta me las doy de hacker. No creo que el Bill Gate vaya a ser más pobre porque le pirateamos algunos programas...

S: ¿Y cómo ves el futuro?

E.K: Negro, este país con las nuevas leyes se va a convertir en una sociedad de clandestinos. Pero mientras más seamos, mejor. Será más difícil controlar a miles de ilegales, por eso hay que organizarse, y el Internet nos da una buena ocasión. Clandestinos del mundo unidos...

  Swisslatin – Aldu

Testimonios:

El caso de la familia Basantes

Los “sin papeles” son un tema de actualidad cotidiana. Cansados de no ser escuchados, iniciaron hace poco la ocupación de Iglesias y crearon un  verdadero movimiento de oposición. Ahora, ya nadie puede ignorarlos.

Consideramos que son entre 150.000 y 300.000 en Suiza los que trabajan,  pagan impuestos,  los seguros de enfermedad y de vejez. Discretos, desconocidos de los servicios de policía, llevan una vida frágil, que en cualquier momento puede cambiar.

1990

Carlos tenía 22 años cuando llegó, solo, a Suiza. Su militancia socialista lo forzó a dejar, su país, Ecuador. En esos años no se necesitaba de visado. Carlos entró legalmente, su joven esposa hará lo mismo algunos meses más tarde. Ambos encuentran rápidamente un empleo. 

Cuatro años transcurren....

1994

Sus demandas de asilo fueron rechazadas definitivamente. Isabel se encontraba embarazada y con problemas para dar a luz. Se les prolonga excepcionalmente la estadía. Ultimo plazo para abandonar el país, junio del 94, dos meses después del nacimiento de su hijo.

Pero esta joven familia no se resigna. Se traslada de Bulle hacia la ciudad de Lausana y desaparece de las fichas de la administración. Carlos e Isabel se convierten en clandestinos.

2001

Ahora hace 11 años que Carlos e Isabel viven en Suiza. Sus hijos Stéphanie, 11 años y Bastien, 7 años, van normalmente a la escuela. Carlos es portero en una empresa de seguros, la más grande de Suiza, Isabel hace algunas horas de cuidado del hogar. A fuerza de vivir clandestinamente, “olvidamos y nos reacostumbramos un poco a una vida normal”, dicen.

Y de repente todo se derrumba. En la parada del autobús, un policía interpela a Isabel:

¡ Sus documentos por favor!

Ella cuenta todo. Ecuador, las demandas de asilo rechazadas, el paso a la clandestinidad. Pasa la noche en el cuartel de policía. Al día siguiente, Carlos reúne. CHF 2.600 el valor de la multa, a pagar al  contado, dinero  retirado el mismo día en un distribuidor automático, en presencia del agente que le entrega una orden de expulsión.

Queda poco tiempo. El vals de los recursos comienza. Recurso contra la orden de expulsión, demanda de un permiso humanitario. Aprovechan cualquier subterfugio legal, pero se encuentran en mala situación. En Suiza la prioridad ahora es para los miembros de la Unión Europea. Además, su país no está en guerra. Faltan argumentos, la expulsión es irremediable. 

Entonces, de vuelta a la clandestinidad....

 

Fuente: Revoltés



 




 

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