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El 86° Congreso de la Organización de Suizos del
Extranjero (OSE) culminó este domingo en Friburgo
con un emotivo homenaje histórico a los emigrantes
del siglo XIX, en particular aquellos que se
expatriaron en Brasil y que fundaron la ciudad de
“Nova Friburgo”, ubicada en la región de la Serra
dos Órgãos, en el estado de Río de Janeiro
(1817-1827).
El 86° Congreso era el primero conducido por su
nuevo presidente Jacques-Simon Egli (ex diputado
Liberal por el cantón de Ginebra) que puso el
encuentro bajo la consigna de una Suiza sin
Fronteras y el apoyo de los expatriados a los
acuerdos bilaterales con Europa, que sellan la libre
circulación de personas en Suiza.
La historia olvidada
En la perspectiva de los “suizos latinoamericanos”,
cada vez menos representados en el Congreso, en
razón de los elevados costos que supone participar
en este evento, la importancia hay que buscarla en
el reconocimiento que Jacques-Simon Egli realizó a
los emigrantes suizos del siglo XIX, hasta ahora una
realidad mantenida casi en silencio por la Suiza
oficial.
Egli abrió y cerró el Congreso con un homenaje a la
memoria histórica de lo que representó la emigración
de los suizos durante el siglo XIX, en particular
hacia el Nuevo Mundo, una emigración triste reflejo
de la miseria y pobreza de un país forzado a
promover la expatriación de sus habitantes que
padecían una de las peores calamidades de la
humanidad: el hambre.
Un enfoque clave en un siglo en que Suiza pasó de
ser una nación de emigración, a la de país de
inmigración proveniente, esencialmente del Tercer
Mundo. En el debate político, el asunto migratorio
sigue estando en el centro de los debates, porque la
llegada de extranjeros en busca de trabajo ha
servido a los partidos de la derecha dura, para
fomentar la xenofobia y el racismo.
La emigración de la pobreza
En este contexto recobra valor y actualidad la
historia Suiza mantenida en el cajón de los
documentos olvidados. Es el caso de la emigración
del siglo XIX, que vio a millones de suizos
obligados a partir en busca de mejores condiciones
de vida, en países tan alejados, como Chile,
Argentina, Uruguay, y en particular Brasil, que
acogió al grueso de los emigrantes pobres de la
Confederación.
El homenaje de la OSE a la fundación de “Nova
Friburgo” en Brasil es emblemática, pues representa
todo lo que fue esa epopeya migratoria, que entre
otras cosas le costó el puesto a un cónsul suizo,
que se lucró con el tráfico de compatriotas y que
sacó a la luz pública sórdidos episodios de
prácticas migratorias oficiales.
En el caso de la emigración a Brasil, numerosas
comunas aprovecharon para deshacerse de aquellas
bocas que la economía no podía alimentar, de
cesantes sin esperanzas, de débiles mentales,
prostitutas a la deriva, de enfermos incurables, y
hasta de peligrosos delincuentes y niños huérfanos,
que en el país sudamericano fueron presentados como
“aguerridos trabajadores del agro”.
Esta historia se repitió también en otros países,
pero a menor escala, pero el impacto político que
tuvo en el plano federal una vez que el gobierno
brasileño reclamara, provocó un cambio en la
política migratoria de Suiza, que a partir de 1881,
optó por prohibirla y regularla. Al menos la
emigración masiva.
Un pasado vergonzoso
Al mismo tiempo la “conciencia suiza” olvidó esta
parte de la historia, y por muchos años ha
permanecido oculta, como si las nuevas generaciones
se avergonzaran de un pasado tan triste y poco
glorioso para un país que el siglo XXI, ha alcanzado
el apogeo de su desarrollo económico, pero impulsado
por corrientes políticas nacionalistas, hay sectores
que se esmeran en alzar barreras impenetrables para
los extranjeros y busca aislar a Suiza del resto de
Europa.
En este sentido el 86° Congreso de los Suizos del
Extranjero marcó un hito. Mira a Europa, y abre
conciencia de que la historia migratoria, como lo
dijo Jacques – Simon Egli, “es un eterno
recomenzar”.
Políticas que revisar
Sólo cabe lamentar la escasa participación de suizos
latinoamericanos, sólo una presencia (México) en los
debates del Consejo, en consecuencias de que
hay para la región 17 cargos a disposición, todos
designados, pero según Arianne Rustichelli,
portavoz de la OSE, “se inscribieron pero no
pudieron venir”.
El financiamiento del viaje, el hospedaje y las
tarifas elevadas que hay que pagar por participar en
los diferentes foros, giras, y paseos están fuera
del alcance de muchos bolsillos de suizos
latinoamericanos, lo que explica está ausencia, ya
casi normal en estos congresos.
Swisslatin / Aldu
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