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No figuran en la clasificación de la ATP, no frecuentan
hoteles 5 estrellas, no son entrevistados en la televisión y nunca
han ganado algún torneo. Estos muchachos juegan tenis por el placer
de jugar y han hecho de este deporte una medio para recorrer Europa en
el verano.
Se autodenominan los “alter ATP”,
es decir, una especie de trotamundos con más pinta de hippies
que deportistas. Viajan a menudo en auto-stop, se alojan en los
albergues juveniles o en casa de los habitantes. Hay veces que juegan
por un sándwich y una bebida, pero son felices.
El placer de jugar y conocer
Encontramos a dos de ellos de paso por Ginebra. Él es
argentino y ella uruguaya. Cuentan que llegaron en tren desde España
donde iniciaron su “circuito europeo". Por una vez que alguien
nos entreviste, no está mal”, ríen.
Héctor-Manuel González es bonaerense y Sonia Leonelli es
de Montevideo, pero estudia en Buenos Aires. Tienen 25 y 21 años
respectivamente. Sonia aprendió a jugar tenis desde pequeña, en
cambio Héctor Manuel sólo hace 5 años.
“En Argentina todos soñamos alguna vez con ser un
Maradona en el fútbol, un Guillermo Vilas o una Gabriela Sabattini en
el tenis”, explica Héctor-Manuel. “Conquistar el mundo, ché...”
La aventura de estos trotamundos del tenis comenzó en
plena crisis económica de Argentina. Sonia para ganar un poco de
plata comenzó a dar cursos en uno de los tantos clubes de tenis para
niños que existen en Buenos Aires. Fue ahí que escuchó decir a una
amiga que en Europa no era necesario ser un campeón para participar
en un torneo sencillo y que, además, pagaban algo.
Debutaron en Locarno
Como ella es de origen italiano y tiene amigos un poco por
todas partes, se vinieron a la aventura. Una prima casada con un suizo
en Lugano les costeó la inscripción para un torneo de jóvenes en
Locarno en el 2003, competición organizada por el club local en el
verano. Entre ambos sólo ganaron 300 francos, pero hicieron contactos
para jugar durante todo el verano en otras partes.
“Una vez en Alemania logré que me aceptaran en un “challenger”,
esos torneos de desafíos que son la base de las categorías un poco más
importantes. Me aceptaron porque a última hora renunció una
participante. Como había que llenar el hueco me hicieron jugar. Tuve
suerte y llegué a los octavos de finales. Me dieron de premio 1.000
euros y me devolvieron los 300 de la inscripción”, cuenta Sonia.
“Para nosotros el tenis es una manera de conocer Europa.
Sabemos que nunca seremos campeones, pero nos divertimos” precisa Héctor-Manuel.
Con lo que conseguimos ganar solamente nos alcanza para costearnos el
viaje. Pero la experiencia es única”, admite.
En cambio Sonia piensa que tal vez un día, con un poco de
suerte, podrá participar en un torneo semi profesional, su máxima
aspiración. Tal vez lo consiga, porque aún es joven.
En Suiza participarán en diferentes torneos que organizan
los clubes locales durante el verano. El mes de agosto proseguirán a
Italia y volverán a la Argentina. Lo harán tan discretamente como
llegaron, sin haber ganado miles de euros, pero felices porque que
gracias al tenis lograron financiarse tres meses de vacaciones en
Europa.
Swisslatin
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