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Emilio Pacull ha sido el rostro nuevo del cine
chileno invitado a la 10ª edición del Festival
Filmar en América Latina de Ginebra, (7 al 23 de
noviembre) donde presentó su largo metraje “Héroes
frágiles” y su documental “Memorias de la
Tierra del Fuego”.
En “Héroes
frágiles” (2006) parte del
suicidio en la Moneda en 1973 de su padrastro, el
periodista Augusto Olivares, amigo de Salvador
Allende y primeras víctimas del golpe militar del
general Pinochet, para reconstruir los hechos, entrevistando a antiguos guardias
personales del presidente, pero también concediendo
la palabra a algunos protagonistas del golpe
militar. Un trabajo de recuperación de la memoria.
Pacull es quizás uno de los cineastas chilenos más
europeos que desde afuera proyecta una mirada
híbrida, producto del desarraigo y de la eterna
búsqueda del pasado que en su caso define como el
“retorno a la patria de la infancia”.
El peso de la familia
Residente en París incluso desde antes del golpe
militar, Pacull no tiene problemas para admitir que
su carrera se debe en gran parte al hecho de haber
sido “el hijo de”, es decir producto del peso
familiar, el de ser hijo de una las grandes leyendas
del cine y la televisión chilena, Mirella Latorre y
del periodista Juan Emilio Pacull. Sin olvidar que
su padrastro, el “perro” Olivares, era amigo
personal de Salvador Allende.
Ello le permitió en 1972 conocer a Costa Gavras en
Chile y convertirse en su asistente en la película
“Estado de sitio”, justo cuando acababa de terminar
sus estudios de cineasta en la Escuela de arte y de
la Comunicación de la Universidad Católica de
Santiago.
El también bisnieto de otra gloria de la literatura
chilena, Mariano Latorre, premio nacional de
literatura, confiesa que antes de pensar en el cine,
había consagrado su vida a la revolución en calidad
de militante del Movimiento de Izquierda
Revolucionario (MIR).
Siguiendo a Costa Gavras en París, le encontró el
Golpe militar en momentos que pensaba regresar a
Chile “para hacer cine en un país moderno,
socialista, transformante, pero me tuve que quedar
esperando aquí”, recuerda con nostalgia. “Pero poco
a poco fui organizando mi vida como cineasta en
París y como ciudadano francés, como lo soy ahora”.
”He tenido la suerte de trabajar con Truffaut, con
Rosellini, con Costa Gavras, e incluso con Miguel
Littín, en algunas películas como “Viva el
Presidente”.
Orígenes emigrantes
La familia de Pacull es de origen catalán. “Soy
producto de mezclas de varios origines, la mía fue
una familia que emigró primero a Uruguay y después a
Chile".
“Mi familia es de Santiago, salvo la de mi madre,
que de Castilla llegó en 1890 directo a San Javier,
como agricultores. Por parte materno también tengo
origen vasco-francés, tengo mezclas de
todo tipo, hay italianos, judíos, algo absolutamente
increíble”.
Con esto de las mezclas de orígenes diferentes
también le ha sucedido como muchos otros exiliados:
“Cuando vivíamos en Chile no estábamos conscientes
de esta combinación de orígenes distintos, pues
entonces teníamos la noción de sólo ser chilenos y
punto. Es en el exilio, donde uno se transforma y se
da cuenta de la mezcla de culturas y nacionalidades
que arrastramos”.
“Ahora estoy haciendo un trabajo de regreso
hacia mi pasado; probablemente mi hija, que en estos
momentos está de novia con un uruguayo, haga ella
vuelta atrás, probablemente a Uruguay o a Chile, es
un ciclo que se reforma en permanencia. Me gusta que
sea así, interesante, pues las mezclas enriquecen a
los países”.
Primero la revolución, después al cine…
“Descubrí el cine bastante tarde, porque por razones
más bien políticas estaba bastante comprometido con
el Movimiento de Izquierda Revolucionario cuando era
joven y entonces pensábamos en ser más útiles a la
revolución, y entonces no aparecía el cine como
alternativa, a pesar de que yo era un curioso debido
a la influencia de mi madre que me llevaba al
teatro. Mientras hacía política mi interés artístico
estuvo en un segundo plano, pero siempre latente.”
“En 1972 se abrió en la Universidad Católica una
Escuela de Arte y de comunicación, y mi madre que
era animadora del programa del canal 13 “Almorzando
con Mirella”, me motivó a inscribirme. Ahí dejé de
lado mis estudios de sociología y comencé con el
cine. Ahí se fue armando mi carrera”, subraya.
El aporte de dos culturas
Pacull confiesa que se siente un europeo total.
“Creo que he integrado muchos aspectos de la cultura
europea, pero también he guardado una cierta
latinoamericanidad, lo que influye cuando hago
documentales para la televisión francesa, pues mi
punto de vista tiene respeto y originalidad, porque
la fusión de dos culturas me permite tener un punto
de vista distinto del que pueda tener un francés o
un latinoamericano sólo”, subraya.
“De mis simbiosis cultural nace un punto de vista
que es distinto, lo que interesa a los productores y
a la televisión europea, porque creo que aporto una
mirada que ellos no tienen permanentemente”.
¿Y cuál es tu mirada al cine latinoamericano?
“Reconozco que no soy un gran conocedor del cine
latinoamericano, no es mi especialidad. Hay
películas que me gustan, de las chilenas me encantó
“Machuca” de Andrés Wood, que hizo una gran
película, muy profunda, muy seria, me habría
también gustado haber hecho una película como
esa…perfecta”.
“En el cine argentino también hay cosas
interesantes. En América Latina se están buscando
cosas, pero no creo que se haya logrado todavía nada
revolucionario, como lo fue el cine novo brasileño,
no creo que hay invención de formas nuevas, pero
creo que hay una madurez, que hace que algunas
películas latinoamericanas puedan encontrar un
público más internacional”.
¿Cómo te sitúas entre el cine comercial y el cine
comprometido?
“Tengo la suerte de poder hacer más o menos lo que
quiero; estos años he logrado mover proyectos míos.
Personalmente no tengo muchas ganas de hacer
concesiones al cine comercial, y si las hago son
concesiones que me hago a mí mismo”.
“Pero tampoco se trata de hacer películas elitistas,
alejadas de la curiosidad de la gente; me interesa
hacer películas que la gente venga a ver, no me
interesa utilizar recetas, ni convenciones que no me
convencen. El filtro de mi comercialidad está en mi
mismo”.
¿Y Chile….?
“Es complicado. Cada viaje que hago a Chile
últimamente me produce desazón. Tengo la impresión
que el modelo neoliberal vigente aún después de más
de 30 años de dictadura, ha sido negativo en la
pérdida de la identidad nacional, lo que me produce
escalofríos. Creo que no me gustaría volver a vivir
en Chile, ni siquiera como viejito jubilado.
Prefiero el desafío de esta sociedad, prefiero la
cultura europea, me siento más a gusto y más
tranquilo”.
¿Qué queda entonces del joven revolucionario que
quería cambiar el mundo? En tus películas siempre
vuelves a Chile…
“Vuelvo en mis películas, pero no en todas.
Probablemente seguiré volviendo en otras. La
infancia es la patria, nací ahí y provengo de una
familia, aunque de orígenes distintos, dio su vida
por ella; soñaron ese lugar, amaron esa tierra, su
gente, sus colores, construyeron cosas, escribieron
libros, hay un amor que está ahí, yo soy parte de
todo eso, soy el producto”.
“Por eso no puedo decir que no me interesa Chile, es
mi patria, mi infancia, es una patria que he
perdido, pero que trato de transmitir a mi hija, a
mi esposa Rosine, a la gente que quiero. A través de
mi cine, rindo tributo a las cosas buenas que ese
país me entregó. La mejor pureza viene de ahí. Es
como reencontrarse con eso, es un deseo voluntarioso
de ir a buscar algo que está perdido pero que está
en alguna parte.
“Como lo dijo el doctor Jirón en mi película ‘Héroes
frágiles’ es como buscar esas flores que nacen
después de haber estado aplastadas por un metro de
nieve, que al derretirse vuelven a florecer. Es eso:
volver a buscar a esas flores, esa melancolía que
nos permite aún soñar en un mundo mejor…
Swisslatin / Alberto Dufey
(19.11.2008)
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