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19.11.2008
Latinos en Suiza


Emilio Pacull presente en el Festival Filmar en América Latina de Ginebra (foto Nadine Chuat)

Emilio Pacull “un héroe frágil” que mira a su país con el prisma de un cineasta nostálgico

Por primera vez en Suiza, presentó dos películas en el Festival Filmar en América Latina. Entrevista.


Emilio Pacull ha sido el rostro nuevo del cine chileno invitado a la 10ª edición del Festival Filmar en América Latina de Ginebra, (7 al 23 de noviembre) donde presentó su largo metraje “Héroes frágiles” y su documental “Memorias de la Tierra del Fuego”.

En “Héroes frágiles” (2006) parte del suicidio en la Moneda en 1973 de su padrastro, el periodista Augusto Olivares, amigo de  Salvador Allende y primeras víctimas del golpe militar del general Pinochet, para reconstruir los hechos, entrevistando a antiguos guardias personales del presidente, pero también concediendo la palabra a algunos protagonistas del golpe militar. Un trabajo de recuperación de la memoria.

Pacull es quizás uno de los cineastas chilenos más europeos que desde afuera proyecta una mirada híbrida, producto del desarraigo y de la eterna búsqueda del pasado que en su caso define como el “retorno a la patria de la infancia”.

El peso de la familia

Residente en París incluso desde antes del golpe militar, Pacull no tiene problemas para admitir que su carrera se debe en gran parte al hecho de haber sido “el hijo de”, es decir producto del peso familiar, el de ser hijo de una las grandes leyendas del cine y la televisión chilena, Mirella Latorre y del periodista Juan Emilio Pacull. Sin olvidar que su padrastro, el “perro” Olivares, era amigo personal de Salvador Allende.

Ello le permitió en 1972 conocer a Costa Gavras en Chile y convertirse en su asistente en la película “Estado de sitio”, justo cuando acababa de terminar sus estudios de cineasta en la Escuela de arte y de la Comunicación de la Universidad Católica de Santiago.

El también bisnieto de otra gloria de la literatura chilena, Mariano Latorre, premio nacional de literatura, confiesa que antes de pensar en el cine, había consagrado su vida a la revolución en calidad de militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).

Siguiendo a Costa  Gavras en París, le encontró el Golpe militar en momentos que pensaba regresar a Chile “para hacer cine en un país moderno, socialista, transformante, pero me tuve que quedar esperando aquí”, recuerda con nostalgia.  “Pero poco a poco fui organizando mi vida como cineasta en París y como ciudadano francés, como lo soy ahora”.

”He tenido la suerte de trabajar con Truffaut, con Rosellini, con Costa Gavras, e incluso con Miguel Littín, en algunas películas como “Viva el Presidente”.

Orígenes emigrantes

La familia de Pacull es de origen catalán. “Soy producto de mezclas de varios origines, la mía fue una familia que emigró primero a Uruguay y después a Chile".

“Mi familia es de Santiago, salvo la de mi madre, que de Castilla llegó en 1890 directo a San Javier, como agricultores. Por parte materno también tengo origen vasco-francés, tengo mezclas de todo tipo, hay italianos, judíos, algo absolutamente increíble”.

Con esto de las mezclas de orígenes diferentes también le ha sucedido como muchos otros exiliados: “Cuando vivíamos en Chile no estábamos conscientes de esta combinación de orígenes distintos, pues entonces teníamos la noción de sólo ser chilenos y punto. Es en el exilio, donde uno se transforma y se da cuenta de la mezcla de culturas y nacionalidades que arrastramos”.

“Ahora estoy haciendo un trabajo  de regreso hacia mi pasado; probablemente mi hija, que en estos momentos está de novia con un uruguayo, haga ella vuelta atrás, probablemente a Uruguay o a Chile, es un ciclo que se reforma en permanencia. Me gusta que sea así, interesante, pues las mezclas enriquecen a los países”.

Primero la revolución, después al cine

“Descubrí el cine bastante tarde, porque por razones más bien políticas estaba bastante comprometido con el Movimiento de Izquierda Revolucionario cuando era joven y entonces pensábamos en ser más útiles a la revolución, y entonces no aparecía el cine como alternativa, a pesar de que yo era un curioso debido a la influencia de mi madre que me llevaba al teatro. Mientras hacía política mi interés artístico estuvo en un segundo plano, pero siempre latente.”

“En 1972 se abrió en la Universidad Católica una Escuela de Arte y de comunicación, y mi madre que era animadora del programa del canal 13 “Almorzando con Mirella”, me motivó a inscribirme. Ahí dejé de lado mis estudios de sociología y comencé con el cine. Ahí se fue armando mi carrera”, subraya.

El aporte de dos culturas

Pacull confiesa que se siente un europeo total.  “Creo que he integrado muchos aspectos de la cultura europea, pero también he guardado una cierta latinoamericanidad, lo que influye cuando hago documentales para la televisión francesa, pues mi punto de vista tiene respeto y originalidad, porque la fusión de dos culturas me permite tener un punto de vista distinto del que pueda tener un francés o un latinoamericano sólo”, subraya.

“De mis simbiosis cultural nace un punto de vista que es distinto, lo que interesa a los productores y a la televisión europea, porque creo que aporto una mirada que ellos no tienen permanentemente”.

¿Y cuál es tu mirada al cine latinoamericano?

“Reconozco que no soy un gran conocedor del cine latinoamericano, no  es mi especialidad. Hay películas que me gustan, de las chilenas me encantó “Machuca” de Andrés Wood, que hizo una gran película, muy profunda, muy seria,  me habría también gustado haber hecho una película como esa…perfecta”.

“En el cine argentino también hay cosas interesantes. En América Latina se están buscando cosas, pero no creo que se haya logrado todavía nada revolucionario, como lo fue el cine novo brasileño, no creo que hay invención de formas nuevas, pero creo que hay una madurez, que hace que algunas películas latinoamericanas puedan encontrar un público más internacional”.

¿Cómo te sitúas entre el cine comercial  y el cine comprometido?

“Tengo la suerte de poder hacer más o menos lo que quiero; estos años he logrado mover proyectos míos. Personalmente no tengo muchas ganas de hacer concesiones al cine comercial, y si las hago son concesiones que me hago a mí mismo”.

“Pero tampoco se trata de hacer películas elitistas, alejadas de la curiosidad de la gente; me interesa hacer películas que la gente venga a ver, no me interesa utilizar recetas, ni convenciones que no me convencen. El filtro de mi comercialidad está en mi mismo”.

¿Y Chile….?

“Es complicado. Cada viaje que hago a Chile últimamente me produce desazón. Tengo la impresión que el modelo neoliberal vigente aún después de más de 30 años de dictadura, ha sido negativo en la pérdida de la identidad nacional, lo que me produce escalofríos. Creo que no me gustaría volver a vivir en Chile, ni siquiera como viejito jubilado. Prefiero el desafío de esta sociedad, prefiero la cultura europea, me siento más a gusto y más tranquilo”.

¿Qué queda entonces del joven revolucionario que quería cambiar el mundo?  En tus películas siempre vuelves a Chile…

“Vuelvo en mis películas, pero no en todas. Probablemente seguiré volviendo en otras. La infancia es la patria, nací ahí y provengo de una familia, aunque de orígenes distintos, dio su vida por ella; soñaron ese lugar, amaron esa tierra, su gente, sus colores, construyeron cosas, escribieron libros, hay un amor que está ahí, yo soy parte de todo eso, soy el producto”.

“Por eso no puedo decir que no me interesa Chile, es mi patria, mi infancia, es una patria que he perdido, pero que trato de transmitir a mi hija, a mi esposa Rosine, a la gente que quiero. A través de mi cine, rindo tributo a las cosas buenas que ese país me entregó. La mejor pureza viene de ahí. Es como reencontrarse con eso, es un deseo voluntarioso de ir a buscar algo que está perdido pero que está en alguna parte.

“Como lo dijo el doctor Jirón en mi película ‘Héroes frágiles’ es como buscar esas flores que nacen después de haber estado aplastadas por un metro de nieve, que al derretirse vuelven a florecer. Es eso: volver a buscar a esas flores, esa melancolía que nos permite aún soñar en un mundo mejor…

Swisslatin / Alberto Dufey (19.11.2008)

 
 
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