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Una
colombiana y una peruana reciben el premio suizo a la mujer exiliada
2005
Luz
Marina Escobar Torres y Eva Guenat-Minaya, hacen parte de las 24
mujeres que recibieron este año la distinción en Ginebra.
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El alcalde de Ginebra Pierre Müller
entrega las distinciones en el Palacio Eynard, sede del gobierno
cantonal ginebrino |
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El
premio “Mujer exiliada, mujer comprometida” fue creado en 2001
para rendir homenaje a las mujeres de cualquier país y nacionalidad,
que en circunstancias, a veces dramáticas, se vieron obligadas a
refugiarse en Suiza. Las galardonadas tienen en común una trayectoria
marcada por el sufrimiento, la persecución, la guerra, pero también
el coraje, y el compromiso y la esperanza.
En
presencia del alcalde de Ginebra, y los miembros de los gobiernos de
los cantones de Vaud y
Neuchâtel, Alba Viotto, miembro de la comisión del premio, subrayó
durante la ceremonia de entrega de los galardones que “esta distinción tienen
como objetivo rendir un homenaje público al coraje y la dignidad de
los mujeres y dar a conocer así, sus historias, sus esperanzas y sus
dificultades”.
Es el
caso de Luz Marina Escobar Torres, que escapó de la violencia y la
persecución en Colombia para continuar su combate con dignidad de
mujer, en Suiza, su tierra de refugio. La otra galardonada
latinoamericana, Eva Guinat-Minaya, residente en Bienne (cantón de
Berna). Retrato:
Una
trayectoria
A
primera vista, Eva Guinat-Minaya, no tiene nada de una combatiente
encarnizada. Sin embargo, su trayecto ejemplar y sembrado de trampas
demuestra una fuerza de carácter y una determinación fuera de
normas. Cualidades que le valieron el premio que otorgan en suiza los
cantones de Ginebra, Vaud y Neuchatel.
Nacida en Perú hace a una cuarentena de años, Eva comenzó
muy temprano a serpentear junto a su madre las alturas de la
cordillera de los Andes. Nacida en una comunidad quechua, su padre le transmitió los valores del trabajo, del coraje y de la
honradez. En pesar de las condiciones precarias
vida, en un medio ambiente hostil,
Eva conserva intacta, los recuerdos de su infancia y una tierna
nostalgia por América Latina.
Los
acontecimientos dramáticos que surgen en los años ochenta - luchas
entre guerrillas, huelgas nacionales, sumergen a la población en la
violencia y el caos. Con
el corazón magullado, Eva deja su tierra natal en 1980 para reunirse
con su hermana ya instalada en Suiza. La joven mujer imagina su tierra
de acogida como un país de libertad, en el cual las virtudes de
trabajo y de la perseverancia que son las suyas serán valorizadas.
Desde su
llegada en Suiza, la joven mujer prosigue sus estudios en una escuela
de comercio, aprende francés y encuentra un joven suizo, que se
convertirá en su marido. Trabajadora y emprendedora, se integra rápidamente
en un sistema que le permite acceder a la seguridad tan buscada. En
1997 es contratada como ayudante-cocinera en el seno de la institución
deportiva de Macolin, (Biel, cantón de Berna) la perspectiva de un
nuevo empleo la regocija.
Desgraciadamente, el sueño se convierte
rápidamente en pesadilla: el equipo, con mayoría masculina la
considera como una menos que nada.
Observaciones
sexistas y desplazadas, besos forzados y comportamientos ilegales
hacen caer sus sueños en pedazos. Dirigiéndose primeramente al
servicio de mediación de la institución en Lausana, de la cual no
obtendrá ninguna asistencia, finalmente presenta denuncia ante un
tribunal. Despedida por su empresario, sufre frente las calumnias y el
escepticismo de los que le aconsejan bajar los brazos.
Transcurren
siete años penosos y de lucha contra el Estado mismo, al término de
los cuales saldrá victoriosa e indemnizada. "Todo ser humano,
cualquiera que sea, tiene derecho al respeto ", subraya en una
entrevista con una periodista del “Courrier de Genève”. Fue sólo
una batalla para reencontrar su dignidad robada. " Vine aquí
sabiendo bien que habría que pelearse, pero jamás habría imaginado
vivir tal cosa", agrega. Sostenida
por el apoyo indefectible de su marido, su combate doloroso no alteró,
sin embargo, su fibra humanista.
Al día
siguiente del asunto, Eva decide reconstruirse sola, viajando. Retorna
al Perú, y aprovecha de las indemnizaciones recibidas para ayudar en
su país de origen a los necesitados, abasteciéndoles de alimento,
medicinas y participando financieramente en la creación de un
dispensario.
La emoción la invade cuando evoca su tierra natal: "crecer en un medio ambiente tan
difícil como Perú me dio esta energía, esta voluntad de luchar y
salir adelante a pesar de todo", concluye, esbozando una sonrisa.
Hoy, Eva planea abrir un restaurante tailandés en su región, en
Bienne, con su marido y saborear una estabilidad reencontrada.
Swisslatin / Caroline Stevens
La lista de galardonadas:
- Luz Marina Escobar-Torres (Colombia)
- Nassira Fellah-Bouchaba (Argelia)
- Naïma El-Khatib (Túnez)
- Nicoleta Gangioveanu (Roumania)
- Eva Guenat-Minaya (Perú)
- Concessa Kantarama (Rwanda)
- Marie-Jeanne
Mukantagwabira (Rwanda)
- Perpétue Nshimiramana (Burundi)
- Lourdes Picarra (Portugal)
- Aferdita Sylaj (Kosovo)
- Colectivo
de trabajadoras sin estatus legal de Ginebra (CTSSL-Genève)
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Suiza crece gracias a la inmigración
El
crecimiento demográfico en Suiza a partir de 1980 se debe
esencialmente al aporte de los extranjeros, que constituyen el 20,4%
de la población, según el último censo publicado recientemente por
la Oficina Federal de Estadísticas, (OFE).
Cabe
recordar que dos factores determinan el crecimiento demográfico.
Primero el excedente natural (diferencia entre nacimientos y decesos),
y segundo: el saldo migratorio (diferencia entre inmigración e
emigración).
Hasta
fines de la década de los años 70, el excedente natural era el
principal factor del crecimiento demográfico helvético. Pero poco a
poco, el número de nacimientos
comenzó a disminuir y el
excedente migratorio desde 1980 comenzó a ser un factor más
dominante que el excedente natural.
Niños
extranjeros
Si
el excedente natural es todavía positivo, se debe a los nacimientos
de niños extranjeros. Desde los años 1960, en efecto, el excedente
natural es más elevado en la población extranjera que en la población
suiza. Esto se debe a tres factores:
Las
mujeres de nacionalidad extranjera dan a luz a más niños por término
medio que las suizas (1,9 contra 1,2 en 2003).
La
parte de las mujeres en edad de procrear es más elevada entre la
población extranjera.
Las
personas de nacionalidad extranjera son numerosas en acabar su vida en
su país de origen, lo que explica el índice de mortalidad débil
entre los extranjeros en Suiza (2003: 3 defunciones para 1000
habitantes, contra 10 en Suiza).
Población
aumenta gracias a las naturalizaciones
Desde
mediados de los años 1990, el crecimiento de la población suiza se
ha debido casi exclusivamente a las naturalizaciones. En 2003, el 2,4
% de los residentes extranjeros adquirieron la nacionalidad suiza. Sin
embargo, se trata de un porcentaje modesto en comparación europea.
En
el curso del siglo XX, la proporción de extranjeros fluctuó mucho. A
las fases de inmigración sucedieron fases de retorno al país. Estos
movimientos de va y viene siguieron en general la evolución de la
coyuntura y del mercado de trabajo.
Suiza
es uno de los países de Europa dónde la proporción de extranjeros
es la más elevada (actualmente el 20,4 %). Esta situación se explica
por la estructura económica del país, por su pequeña talla y por la
política restrictiva en materia de naturalizaciones.
La
mayoría de los residentes extranjeros viven desde hace tiempo en
Suiza. Cerca de un cuarto nacieron en Suiza y son pues extranjeros de
la segunda, incluso de la tercera generación.
Entre
los que nacieron en el extranjero, el 36 % viven desde hace 15 años o
más de manera interrumpida en Suiza. Dos tercios de los extranjeros
poseen un permiso de establecimiento ilimitado. La duración de
residencia y el estatuto de los extranjeros varían considerablemente
según las nacionalidades.
Swisslatin
(Fuente:
Oficina
Federal de Estadísticas)
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