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A más de un
mes del terremoto que destruyó Haití, la reconstrucción
del país ha movilizado todas las agencias del sistema de
Naciones Unidas y ha desencadenado la ayuda solidaria de
varios países, pero el entorno de seguridad sigue el
talón de Aquiles que amenaza la estabilidad conseguida
hasta ahora.
“La
calma es extremadamente frágil” advirtió la semana
pasada el secretario general adjunto para Operaciones de
Paz de la ONU, Alain Le Roy, tras asegurar que el
entorno de seguridad en Haití es estable.
El problema
de los albergues
El
funcionario participó en la reciente reunión del Consejo
de Seguridad que analizó la labor de la Misión de
Estabilización de la ONU en ese país caribeño, donde
sostuvo que la tranquilidad podría perderse si no se
ofrece albergue adecuado antes de que empiece la
temporada de lluvias a quienes permanecen sin techo.
Por otro lado Le Roy anunció nuevos refuerzos para la
Operación de Paz en Haití (MINUSTAH) con el despliegue
de 1.500 tropas y 500 policías adicionales a partir de
la segunda semana de marzo, que serán enviadas por
numerosos Estados.
Añadió que con esa adición de personal, MINUSTAH estará
en mejores condiciones de mantener el orden público y de
restaurar la capacidad de la Policía Nacional Haitiana,
que perdió casi la mitad de sus instalaciones por el
terremoto.
Riesgo
de crisis alimentaria
Por su
parte la FAO y la organización humanitaria internacional
CARE alertaron sobre el riesgo de una crisis alimentaria
a nivel nacional.
“Es una
crisis escondida pero omnipresente, que ha afectado ya a
todos los rincones del país”, advirtió Dick Trenchard,
coordinador de Evaluaciones de la FAO en Haití.
Explicó que las zonas rurales más afectadas son las que
cuentan un mayor nivel de desplazados de Puerto Príncipe
y las zonas circundantes.
Las evaluaciones de urgencia realizadas por la FAO y sus
socios en el grupo agrícola de la ONU han revelado que
las familias anfitrionas que acogen a las personas
desplazadas están gastando sus escasos ahorros para
alimentar a los recién llegados y consumiendo sus
reservas de alimentos.
“Vemos indicios claros de que la población está
recurriendo a estrategias preocupantes e insostenibles
para tratar de ayudar a las 500.000 personas que se
estima que han emigrado a las zonas rurales y a otros
núcleos urbanos pequeños tras el terremoto”, afirmó
Trenchard.
Inversiones a largo plazo
La principal temporada de siembra, que supone más del
60% de la producción anual, comenzará en menos de dos
semanas y si las familias anfitrionas no tienen medios
para comprar semillas u otras formas de obtener semillas
de calidad, será un desastre para ellas, señalaron las
agencias.
En este sentido, subrayaron que hace falta inyectar
dinero antes de que comience la temporada de siembra y
que si bien la distribución de alimentos puede ayudar a
aliviar el sufrimiento inmediato tras el desastre, lo
que más se necesita a largo plazo es dinero para que los
agricultores puedan invertir y recobrar su autonomía.
Swisslatun /UN news
(23.02.2010) |