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Querido compadre,
Nunca pensé que un país rico y adelantado como lo es la
patria de sus ancestros se transformaría en cuestión de horas, en un
vulgar país pobre del Tercer Mundo, inundado por las aguas, el lodo,
con muertos y siniestrados...¡No lo creería usted compadre, dantesco
lo que pasó!
Bastaron dos días de intensas lluvias para que el paraíso
de Suiza central se transformara en un infierno. Yo creía, compadre,
que esto de las inundaciones le pasaba sólo a los pobres como
nosotros allá en su Patagonia rebelde...
Sucede compadre que la naturaleza es imprevisible. Cuando
se desmadra pone al hombre en su verdadera dimensión y de nada sirven
los adelantos tecnológicos para prevenir catástrofes y alertar a los
socorristas al instante mismo de los hechos. Y cómo también sucede
siempre, compadre, después del temporal se busca a los culpables.
Los unos culpan a las autoridades por falta de previsión.
Argumentan que los sistemas de alertas no se activaron oportunamente y
no se avisó a la población del peligro eminente. Otros sostienen que
Suiza no está preparada para actuar con diligencia ante cambios climáticos
imprevistos.
Como usted sabe, compadre, desde que el hombre
se empecina en progresar a costa de contaminar el medio ambiente, el
recalentamiento de la tierra está transformando las estaciones del año.
Ya no hay fronteras entre el invierno y el verano, y puede nevar en época
de calor, como encontrarse con una sequía en pleno invierno.
Los ecologistas culpan de todo esto a la avaricia humana, a
los “promotores del cemento”, que en su afán de obtener
rentabilidad hasta del más pequeño pedazo de tierra, no escatiman
esfuerzos en desviar los ríos de sus cursos naturales, secando
pantanos y rellenando lagunas.
Todo esto compadre, para satisfacer la presión demográfica
y potenciar el valor agregado de la tierra, igual como sucede en su
Patagonia rebelde.
La Katty me contaba el otro día en el chat de medianoche,
que en sus pagos están haciendo lo mismo. Es decir, encajonando los ríos,
encementando laderas, secando pantanos y poniéndole hormigón armado
a las pocas lagunas públicas que van quedando.
Pero como siempre lo ha dicho la gente de la tierra, los
hombres originarios que pueblan aún su Patagonia Rebelde, la
naturaleza, como los ríos, tienen memoria, compadre. Se acuerdan
donde crecieron cuando eran sólo riachuelos, de los pantanos que
favorecían la procreación de las especies y de las lagunas naturales
que servían de paseos dominicales para el común de los mortales, sin
necesidad de pagar.
Se acuerdan, compadre, de cuando corrían libres montaña
abajo en el invierno y cuando desaparecían, secados por los calores
del verano.
En cambio compadre, el hombre no tiene memoria. Las
generaciones de ahora no recuerdan que donde instalaron sus modernas
viviendas de cemento, hace 30 años pasaban por ahí causes naturales
de ríos caudalosos.
Sucede que de vez en cuando la naturaleza se despierta y le
da por pasearse por donde siempre lo hicieron. Y lo hacen compadre,
arrastrando con todo, incluso con el hormigón armado, lo necesario
para recordarle al hombre los límites humanos.
Por eso compadre, el desastre ocurrido en la hermosa y
paradisíaca Suiza central, para mí no es otra cosa que el enojo de
la naturaleza, que tiene sus leyes y una gran memoria. Se acuerda
cuando era libre e indómita y al hombre de aceptar con humildad, que
ningún tipo de violación queda impune.
Dicho esto compadre, con el más digno respeto por las víctimas
humanas y lleno de admiración por el coraje de los bomberos,
socorristas de la protección civil y de las personas solidarias de
siempre, que salieron en ayuda de los compatriotas siniestrados.
Hasta la próxima
Aldu
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