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El primer artículo de prensa fue sin duda una carta.

Estimado compadre,

Aquí me tiene en la patria de Heidi y Guillermo Tell. Me dejaron entrar por mérito del pasaporte suizo que conseguí gracias a un bisabuelo helvético que en el siglo XIX se fue a ganar la vida como emigrante a la Patagonia.

Pero la vida tiene muchas vueltas compadre, y un siglo después me toca a mí vivir de emigrante. Para empezar no está mal, porque encontré este trabajo y el jefe se empecinó en que me ocupe de la editorial (una página que nadie lee) “para que incursionemos”, dice, en el “género epistolar”. Es decir, que relate en estilo carta lo que sucede en tu mítica Helvecia, compadre. Pienso que no es una mala idea.

Y a propósito de mitos, te diré compadre, que lo único que pude encontrar de Heidi, fue un área de servicios al borde de la autopista que conduce a Davos, en el cantón de los Grisones. Allí venden hamburguesas y souvenirs. De tu Heidi, ni rastros...

Lo mismo ocurre con tu otro ídolo de infancia, compadre, Guillermo Tell. Al parecer fue sólo un personaje que existió en la imaginación de su autor Friedrich Schiller: una leyenda más, pero que sigue presente en la memoria colectiva de tus compatriotas. Todos se disputan su herencia, desde la derecha hasta la izquierda, compadre.

Cuando anduve tras su huella en los cantones que aquí llaman “primitivos”, un grupo de jóvenes con cabezas rapadas, chaquetas negras y bototos de milico, me salieron al encuentro para darme la bienvenida.

Seguro que me confundieron con un solicitante de asilo compadre. Me salvé del linchamiento cuando en un gesto de autodefensa les mostré mi pasaporte suizo. Todavía me río de las muecas de espanto que pusieron. No podían entender que alguien con cara de indígena patagónico como yo, pudiera llevar un apellido tan helvético como el de ellos.

Eso lo dice todo. Aquí la cosa es al revés compadre, no es como allá donde los extranjeros son bien recibidos, bien atendidos y queridos. Los hijos de extranjeros tampoco pueden tener la nacionalidad suiza a pesar de haber nacidos aquí. Eso quedó muy claro, cuando el año pasado el pueblo votó en contra de ese derecho. Y ni hablar de los pobres que solicitan el derecho de asilo; el 90% de las demandas son sistemáticamente rechazadas.

Tampoco resulta pedir un permiso de trabajo. Trabajo ya no hay ni para los mismos suizos y con esto de la apertura de las fronteras europeas a los latinos se les pone muy difícil. Con suerte los descendientes como nosotros encontramos algo. Lo que pasa es que la cesantía es cosa sería, a pesar de que estadísticamente el promedio del paro es sólo del 5%. Puras mentiras...

La próxima vez te hablaré de este tema compadre. Lo que quería contarte ahora es que esta situación ha dado origen al fenómeno de “los sin papeles”, los indocumentados, los clandestinos. El fenómeno no es nuevo, pero con la crisis, la xenofobia y el racismo el asunto ha tomado proporciones antes nunca vistas. A los extranjeros ya no les queda otra cosa que pasar a la clandestinidad, convertirse en ilegales.

Era de esto lo que te quería hablar compadre. Porque es mi tema de reportaje. Una entrevista a un ilegal que está cansado que se hable de los clandestinos en forma piadosa, culpabilizante. Es un tipo con cojones, que asume su condición de indocumentado como una opción de vida.

Se identificó como “el Klein”, un sobrenombre que le pusieron por ser chico a su llegada en Suiza alemánica. Lleva como 20 años en la clandestinidad, expulsado 2 veces, reivindica su condición de ilegal y habla sin pelos en la lengua.

Es todo por hoy compadre. Hasta la próxima.

Swisslatin - Aldu

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Hurgando en los “blogs” íntimos

Un blog de paso

Este es un blog de paso. No es - nunca lo consiguió - verdadero punto de encuentro, hoguera alrededor de la que reunirnos y conversar. Y uno, torpe, no alcanza a construir un diálogo real, desorientado para acertar a responder los mensajes embotellados que llegan en los comentarios. Conocernos en la vida real, acudir a algún encuentro o tener una cita a ciegas ¿no sería acaso dilapidar ese poco de misterio, perder el pequeño juego que comenzamos de mostrar sin enseñar?  Este es un blog de paso, tal vez estéril e improductivo. Quizás sirva sólo para que desfilen, moribundas, las dos o tres obsesiones que pueblan mi vida.

Escrito por Zol

Fuente A veces escribo cartas


Lluvia...

La lluvia que cae no me toca. Es como si un paraguas invisible volara por encima de mi cabeza, impidiendo que mi pelo se moje. En cambio mis pies... mis pies están mojados y fríos, como si sólo supieran andar por dentro de los charcos.

Migae ( Fuente: Alotof)


Olvido

Qué fácil te he olvidado. Me siento un traidor por no seguir sufriendo al oír tu nombre, qué poco duele recordarte, qué sencillo fue abandonarte. Hoy me he descubierto pensando en ti sin nostalgia, y he sentido que nada se removía en mí al hacerlo. Hoy revisé viejas fotos y no me han dado ganas de salir a buscarte. Me he dado cuenta de que ya no significas nada para mí, que pasaste sin dejar huella y que en este tiempo no he derramado una sola lágrima por ti. Por eso quiero pedirte perdón, si tan leve el amor como su olvido.

 Bernardo Claros

Fuente: Diario del Olvido


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