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Estimado compadre,
El 9 de agosto se celebró el “Dia Internacional de los
Pueblos Indígenas”, que por cierto pasó silenciado en la mayoría
de los países del mundo. A modo de humilde homenaje, le adjunto
compadre, la carta del cacique mexicano Guaicaputo Cuatémoc que fue
leída durante la conferencia sobre pueblos Indígenas que se celebra
actualmente en Ginebra:
Aquí pues yo, Guaicaputo Cuatémoc, he venido a encontrar
a los aquí reunidos.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América
hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se
encontraron hace más de 500 años.
Aquí pues nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y
es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa
para poder descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero me pide pago de una deuda contraída por
Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se
paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países
enteros, sin pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo.
Pero también yo puedo reclamar pagos, también puedo
reclamar intereses.
Consta en el Archivo de Indias. Papel sobre papel, recibo
sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y
1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil Kg de oro y 16 millones
de kilos de plata provenientes de América.
¿Saqueo? ¡No
lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos
faltaron el 7° mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los
europeos como Caín, matan y niegan la sangre del hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a calumniadores como
Bartolomé de las Casas, que califican el descubrimiento de América
de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri,
que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización
europea se deben a la inundación de metales preciosos!
No! Esas toneladas de oro y de plata deben ser consideradas
como el primero de muchos préstamos amigables de América destinados
al desarrollo de Europa.
Lo contrario sería de presumir la existencia de crímenes
de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir su devolución
inmediata, sino que la indemnización por daños y prejuicios.
Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero creer en la menos
ofensiva de las hipótesis.
Tan fabulosas exportaciones de capital no fueron más que
el inicio de un plan Marshalltezuma, para garantizar la reconstrucción
de la bárbara Europa arruinada por sus deplorables guerras contra los
cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño
cotidiano y otros logros superiores de la civilización.
Por eso a más de 5 centenarios del empréstito podremos
preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional,
responsable o, por lo menos, productivo de los recursos tan
generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?
Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en “batallas de
Lepanto”, en “armadas invencibles”, en “terceros Reichs” y
otras formas de exterminios mutuo, sin otro destino que terminar
ocupados por las tropas de la OTAN.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una
moratoria de más de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus
intereses, de las materias primas y de la energía barata que exporta
del Tercer Mundo.
Esto nos obliga a reclamarles, por su propio bien, el pago
del capital y los intereses, que tan generosamente, hemos demorado
todos estos siglos.
Al decir esto aclaramos que nos rebajaremos a cobrarles a
los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de 20%
y hasta 30%, que los hermanos europeos les cobran a los hermanos del
Tercer Mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales
preciosos adelantados, más el módico interés fijo de 10% anual,
acumulado sólo durante los últimos 300 años.
Aducir que Europa, en los inicios de un nuevo milenio no ha
podido general riquezas suficientes para cancelar ese módico interés,
sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero, o la
demencial irracionalidad de los supuestos ideológicos del
capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos
inquietan a los indomaericanos.
Pero sí exigimos en forma inmediata la firma de una carta
de intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo
Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una
pronta privatización o reconversión de Europa, que permita entregádnosla
entera, como primer pago de la deuda histórica.
Dicen los pesimistas que Europa está en bancarrota que les
impide cumplir con sus compromisos financieros y morales.
En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos
la bala con la que mataron al Poeta.
Pero no podrán.
Porque esa bala es corazón de Europa.
Atentamente
Cacique Guaicapuro Cuatémoc
México |