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Estimado compadre,
Acuso recepción de su última misiva donde manifiesta
su extrema preocupación por el calamitoso
espectáculo presentado por la selección helvética en
la Eurocopa de fútbol, donde su patria natal hace
además de país anfitrión, junto a sus vecinos
austriacos.
La verdad, compadre, es que poco puedo aportar en la
defensa de la estrategia adoptada por Köbi Kuhn, el
entrenador de la Nati, que tras jugar el último
partido se jubila sin penas ni glorias, esperando
que su reemplazante, logre calificarnos para las
eliminatorias del próximo mundial de Sudáfrica. Un
tema a largo plazo…
Pero donde las consecuencias se han visto de
inmediato, es en lo tocante a los efectos
colaterales económicos, donde siempre, compadre, son
los pequeños que sufren con el desastre. Es el caso
de los comerciantes de banderas, gorras, bufandas,
camisetas y todos los accesorios del perfecto hincha
de la Nati.
El día después de la derrota eliminatoria frente a
Turquía, los comercios especializados y los
ambulantes liquidaban esas prendas a mitad de
precio, hasta esas pelotas de la Eurocopa
patrocinadas por un banco que en su Patagonia, las
distribuyeron en los colegios con honores
diplomáticos y discursos aburridos, a cuenta gotas,
como si se tratara de tesoros exclusivos.
Pero a río revuelto ganancias de pescadores, pues al
menos la Katty se va hacer la América con ese
negocio de los accesorios suizos, pues se encuentra
recorriendo la Helvecia profunda y de paso está
comprando todo en los saldos, para revenderlo
después entre los descendientes al triple del precio
que los ha comprado.
Pero lo que no comparto con usted compadre, es la
opinión que usted tiene sobre la pureza de las
selecciones nacionales. Cierto es que en la Nati,
los únicos verdaderos suizos son Magnin, Müller y
Frei, pues lo demás tienen orígenes extranjeros, sin
hablar de los 3 de latinos (Senderos, Cabañas y
Volanthen, este último colombiano, adoptado).
La Nati es una selección multicultural, compadre,
signo de los tiempos de globalización que corren, y
esto es al menos el punto positivo de todo el
negocio que hay detrás del fútbol. Mire nomás el
ejemplo de los mismos polacos, con ese jugador que
se llama Roger Guerreiro, de origen brasileño, la
nota de color y de calidad, que aporta el combinado
de Leo Beenhakker a este torneo.
No se olvide compadre que el ejemplo vino de
Latinoamérica, mucho antes que los ingleses,
franceses y holandeses le sacaran partido a sus
colonias caribeñas y africanas. Sin ir más lejos, la
selección de su Patagonia, que por los apellidos de
sus jugadores, más parece un combinado europeo, que
un genuino producto nacional.
Los brasileños, ecuatorianos y peruanos, por nombrar
algunos países de la región, integraron muy
tempranamente en sus filas a los hijos de los
esclavos que trajeron las colonias dominantes. ¿Y
ha visto el resultado?
Cierto, no todo ha sido fácil, como usted bien
recuerda, ya que en uno de los sudamericanos de los
años 20 los dirigentes chilenos presentaron un
reclamo porque Uruguay había hecho jugar a dos
africanos…
Racismo primario, que también desgraciadamente se
vive en Suiza; ya le conté en mi anterior misiva
que los amigotes del Hugo, parlamentarios de la
derecha populista, reclaman por la incorporación de
jugadores negros en la Nati.
Pero a diferencia de los ex países colonialistas,
los extranjeros naturalizados de la selección
helvética, son puro producto de la inmigración,
hijos de trabajadores, de la mano de obra española,
italiana y latinoamericana que desde hace décadas
aportan al desarrollo económico y cultural de su
patria natal, compadre.
Un abrazo
Swisslatin – Aldu
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