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Cartas a mi compadre:

 

A propósito de la neutralidad suiza en la venta de tanques a Irak.


Antiguo carro postal, correo de Darnona (Valais) Foto Nadine Chuat.

 

Querido compadre,

Espero que se haya repuesto de los terribles fríos australes y de esos vientos que soplan salvajes e incontrolados en los contrafuertes de su Patagonia rebelde. Tomando mate, debe estar...

Yo por aquí aún no me repongo de mis sorpresas en este largo aprendizaje de la vida en las tierras de sus antepasados, compadre. Sucede que no termino nunca de aprender, ni concebir el mecanismo de la política helvética, compadre. No se imagina como ando desilusionado, despistado, tratando de entender.

Es que uno termina por creer en los valores que le han inculcado desde pequeño, por ejemplo el del sacrosanto principio de la neutralidad suiza. El pilar del sistema compadre. En nombre de la neutralidad, históricamente siempre Suiza se ha mantenido al margen de los conflictos bélicos, no ha estado ni del lado de los imperialistas ni de los comunistas durante los años de la guerra fría. Eso lo salvó de ser invadida por el ejército nazi, compadre.

Pero sucede que uno descubre que la neutralidad tiene sus matices compadre. Resulta que la semana pasada el ministro de Economía Joseph Deiss, anunció con toda pompa que Suiza le había vendido tanques a Irak que el ejército había dado de baja. Para despistar a los que se oponen a ese tipo de maniobras que menoscaban la neutralidad helvética, los tanques fueron vendidos vía un país árabe que no está en guerra.

La respuesta del ministro ante numerosas interpelaciones que fue objeto en el Parlamento, fue que esas armas tenían como finalidad “contribuir al mantenimiento de la paz en Irak”. Ridículo, pues todo el mundo sabe que esos tanques serán usados contra la misma población iraquí, compadre.

Para calmar las risas de algunos parlamentarios que no se tragan ese tipo de excusas, la ministro de Exteriores, Micheline Calmy Rey, socialista ella, dijo que “Suiza vigilará a que los tanques sean usados con fines pacíficos”.

¿Se imagina usted compadre un inspector suizo detrás de cada tanque para verificar si los disparos tenían como objetivo el mantenimiento de la paz....?

Tal vez ahora comprendo un poco más la neutralidad suiza, compadre, esa que el Hugo intentaba inculcarnos cuando se ofrecía para arbitrar un partido de fútbol en el barrio. “Como buen suizo soy imparcial, arbitro neutro”, decía y cuando metía la pata cobrando un penal que no existía, corría al otro lado de la cancha y le cobraba otro igual al equipo rival. Neutralidad deportiva, decía.

Debe ser también la misma neutralidad que aplicaba la Katty en litigios amorosos, compadre. Recuerda que confrontada a dos pretendientes fogosos e insistentes, decía que su corazón no podría ser entregado sólo a uno de ellos. Entonces decidía de compartirlo con los dos pretendientes a la vez. “Neutralidad sentimental”, decía compadre...

Como neutras son también las bóvedas de los bancos suizos. Ni olor, ni color compadre. Aquí se depositan los dineros provenientes de los saqueos a los países del tercer mundo. El de ex presidentes corruptos de su Patagonia, compadre, pero también las donaciones a favor de la Cruz Roja Internacional y los salarios de los numerosos trabajadores sin papeles. El único documento oficial que poseen, es el recibo de sus depósitos, compadre.

Bueno, lo tengo que dejar, compadre, pues acabo de bajar del sitio de la biblioteca electrónica de la Confederación, un compendio actualizado de la nueva doctrina de la neutralidad suiza, aplicada en tiempos de paz. Tengo mucho que aprender. Después le cuento.

¡Hasta la próxima!

Aldu

Hurgando en los blogs íntimos

Blog-obligación...

Se supone que esto del blog es un hobby, algo que hago por diversión, pero últimamente no me divierte mucho que se diga. Se ha convertido en una obligación. A la que me relajo un poco, empiezo a escuchar una vocecita en mi cabeza que me repite: "hace tres días que no cuelgas nada en el blog, a ver si nos ponemos las pilas". Hoy he malgastado cerca de tres horas escribiendo y tachando cachitos de un post, que al final nunca colgaré. Tengo más de veinte posts que no me gustan, porque los escribí por obligación, por o-blog-ación.

(Cachitos de mi vida)

Darwinismo sentimental

Me pregunto si tu afecto hacia mí habrá sufrido la misma metamorfosis. Y es que se han pulido las aristas que provocaban tus desapariciones, ya no saben a hiel los sabores del segundo o el tercer puesto. No llevo ya la cuenta de tus llamadas - siempre tan pocas, siempre tan distantes - ni escruto tus palabras en busca de mensajes ocultos que me convencieran de tu aprecio.

Así son los afectos que permanecen, los lazos que sobreviven, este recién descubierto darwinismo sentimental. Un quererte sin esperar nada o quizás sí y sólo es treta, estrategia de supervivencia para no ahuyentar los cariños añejos, extraños y preciados como la perla que encontramos en el fondo del mar.

Zol (A veces escribo cartas)

Mi ciudad

Yo no sé cuál es mi ciudad. Desde hace muchos años sospecho que es ésta en la que vivo desde hace más de veinte, que me acogió sin hacerme preguntas y que jamás me puso ninguna condición. A cambio me ha dado brisa del mar, gente estupenda, tranquilidad, bullicio, lluvia y neblinas. No sé si es ésta mi ciudad, porque tampoco he vivido en otras el tiempo suficiente como para saber si es su aire el que necesitan inexcusablemente mis pulmones. En esta ciudad el latido de sus calles va al compás del de mi corazón sin grandes arritmias. Pero tal vez hay otras. Y queda esa sensación de que quién sabe si no será Roma, o Buenos Aires, o Dublín, o Montevideo, o París, la ciudad a la que de verdad pertenezco... Y la sospecha de que nunca lo comprobaré no deja de producirme una cierta inquietud.

(Albanta)

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