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Cartas a mi compadre
A
propósito del apoyo suizo al apartheid, los sobornos a Sadam Husein y
la gripe aviar
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Estimado compadre,
Aquí me tiene de nuevo de vuelta después de algún tiempo
de ausencia y de silencios. Y lo hago en momentos que su querida
patria natal continúa arreglando cuentas con su pasado histórico y
en medio de la psicosis de una eventual gripe aviar, que es de esperar
nunca aparezca.
La historia no es nueva, compadre. Nunca fue un secreto
para nadie que durante la época del apartheid en Sudáfrica, Suiza
mantenía relaciones privilegiadas con Pretoria. (Igual como lo hacían
los amigos del Hugo en su Patagonia rebelde, apoyando a los nazis
durante la Segunda Guerra Mundial y la dictadura, en épocas más recientes).
Mientras el mundo cumplía con aplicar el bloqueo al régimen
racista, las empresas helvéticas, entre ellas las de su amigo y
actual ministro Chistoph Blocher, se hacían millonarias realizando
suculentos negocios, a espaldas de los negros que eran segregados y
encarcelados.
Eso se sabía compadre. Sucede que ahora el asunto quedó
catalogado como una mancha más para la historia del país. Es la
conclusión definitiva de un trabajo de investigación de varios años
que realizó el Fondo Nacional de Investigación Científica, (FNS).
Un informe, compadre, que debió salir a la luz pública a
comienzos del 2004, pero el propio Gobierno (Consejo Federal) boicoteó
el trabajo de los investigadores, primero cortando los fondos al mínimo
necesario, segundo prohibiendo el acceso a los archivos federales y
ocultando los nombres de las empresas implicadas en la venta de armas
y material nuclear.
Todo estas tropelías fueron realizadas, compadre, en
nombre de la neutralidad, de la libertad de comercio, y del
anticomunismo. Así mientras a la población negra se le violaban
todos los derechos humanos, los suizos colaboraban con los servicios
secretos sudafricanos y las fábricas de armamentos armaban a sus
fuerzas represoras. ¡Lindo ejemplo de neutralidad!
El caso de Irak
Y esto no es todo compadre. Al mismo tiempo se acaba de
destapar otro escándalo, el del negociado en que están implicadas
varias empresas y banqueros suizos que pagaron sobornos o comisiones ilegales al régimen de Sadam
Husein, en el programa de la ONU para Irak “Petróleo por
Alimentos”. Ya hay cuatro personas y un banquero a los cuales el
ministerio público les acaba de abrir una investigación penal.
Y
la cosa sigue compadre. Hace algunos días fue publicado un libro que
demuestra la participación de algunas firmas suizas en el apoyo a la
esclavitud durante los siglos que imperó este sistema en el mundo.
La
gripe aviar
Al
final compadre, los únicos felices con lo que pasa en su idílica
Helvecia son los accionistas de la multinacional de la farmacéutica
Roche. Gracias a que expertos de la OMS se atrevieron a pronosticar
que el Tamiflu era la panacea en caso de pandemia provocada por el
virus H5N1, causante de la gripe aviar, las ventas del medicamento se
multiplicaron y las acciones de la firma se fueron a las nubes.
La
psicosis de este asunto es tal, compadre, que la Cathy me contaba hace
poco que hasta en las recónditas aldeas de su Patagonia, había gente
ignorante que se había puesto a matar todas las aves de corral y
andaban a balazos con las bandadas de pájaros que se atreven a pasar
las noches en esos paradisíacos bosques. Falta nomás que el Hugo me
encargue unas dosis de Tamiflu, como ya lo hizo cuando mandó pedir el
Viagra.
Ahora
ya no lo pide porque descubrió que los indígenas de la región
utilizan plantas medicinales silvestres, que son más baratas y más
eficaces que las pastillitas esas. Y usted compadre guarde el secreto.
No sea que alguna multinacional de la farmacéutica se
le ocurra patentar esa planta y se las revenda después al triple a los
mismos indígenas, convertidas en elegantes cápsulas bien embaladas.
Hasta
la próxima compadre.
Swisslatin - Aldu |
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Hurgando en los blogs íntimos
Escapar...
Quién pudiese escapar contigo, salir a la busca, con el
valor de los golpes audaces y las cuentas mal hechas. Sólo un instante en
esta vida, huir y zafarme de mis horarios y mis rutinas, del gesto vago con
que me reciben en el trabajo, del insoportable deseo de aquella camarera de
estar en cualquier otra parte. Desaparecer, sí, desaparecer, volar a
parajes que no conocemos, para que, al tiempo, y cuando no supiéramos qué
decirnos, convocarlos y así no malgastar los silencios. Quisiera contigo
desertar de esta intendencia de soldado raso y guardia diaria, de esta
disciplina de realidad, de tu sitio en ella, de tantas voces que me hacen
sentir tan cansado...
(A veces escribo cartas)
Llamadas perdidas
Colecciono llamadas perdidas, números extraños que
mi teléfono desconoce y un día arribaron sin encontrar respuesta. Yo las
bautizo, les otorgo un nombre - que es como declarar su existencia -
inspirado en el día en que se dieron. Así, al repasar la agenda, me
encuentro el día del trabajador, víspera de Navidad, con el día en que me
relataste tu secreto para atarme, para que no me fuera. Nunca contesto a
ninguna a no ser que, por insistencia, su autor se delate y no deje
posibilidad a mantenerlo en mi directorio de llamantes anónimos.
(Cartas a Kamala)
Cuando
llueva...
No has llamado y, de vez en
cuando, sé que lo prefieres así. Pero no, casi siempre estoy seguro de que
las urgencias y la vida de estos días adultos no te dan un segundo y el
tiempo pasa casi sin darnos cuenta. Quedo convencido de que no llamas porque
es imposible vernos y evitas mi desilusión con tu extraño cariño,
distante, frío a veces, que por inaudito se aseguró mi devoción. Sólo
que alguna vez se despierta esa parte de mí que te conoce y no puedo
callarle tu distanciamiento.
Pasan los días, llega el otoño, y no estoy solo. Cuando llueva habrá
otros ojos en los que mirarme. Sólo quería que lo supieras.
(Déja
vu)
Si
usted desea publicar su estado ánimo, alguna idea, escriba aquí
swisslatin@swisslatin.ch
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