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Cartas a mi compadre

Reflexiones de un depresivo esperando al Viejo Pascuero...

    A propósito de esta celebración universal que es la Navidad



Estimado compadre,

Aquí me tiene escribiéndole en vísperas Navideñas, una época del año que como usted lo sabe, detesto profundamente y me deprimo. Lo envidio a usted botado al sol en alguna playa de su Patagonia rebelde, rascándose la panza sin tener que pensar en regalos, pesebres, ni árboles navideños que ya no tienen nada que ver con el nacimiento de su amigo Jesucristo.

En la patria de sus ancestros, compadre, las fiestas navideñas no difieren mucho de la manera en que la celebran por su lado, globalización obliga, sólo que aquí la sociedad de consumo se manifiesta en todo su esplendor. La generosidad se transforma en un frenesí de comprar regalos y todos juegan a sentirse el más bondadoso de todos los “viejos pascueros”.

Esto me hacer recordar al Hugo, compadre, que cada año para estas fiestas se siente tocado por el espíritu navideño, se calza unas botas de cuero legítimo y se disfraza de Papá Noël. Así, asado de calor en el verano austral, se complace en repartir golosinas y baratijas a los hijos de sus empleados en su latifundio, para terminar morfando un pavo asado con castañas confitadas mientras contempla su árbol navideño de nieve artificial. Es su felicidad extrema...

Como ve, compadre, no todos se deprimen como yo, que detesto la nieve y odio al viejo pascuero y mi espíritu ecologista se revela por esos millones de pinos sacrificados en honor al niño Jesús, que de pinos no conoció nada, pues como usted sabe, nació en un pesebre con olor a estiércol de burro y paja en el desierto de Nazareth.

Otra que es feliz para navidades, es la Catty compadre. No tanto por el espíritu navideño, sino porque es la única época del año en que consigue vender todas sus artesanías y sus panecillos de jabones y sus velas perfumadas que fabricó pacientemente durante meses. Con lo que gana, compadre, le basta para dar vuelta el año meditando acerca de la bondad de la humanidad...

Sobre bondad navideña compadre, no se si le conté que el año pasado a unos periodistas de la cadena suiza de expresión alemana, se les ocurrió probar lo que le sucedería a José y María en pleno siglo XXI. Contrataron a unos artistas profesionales que siguieron con una cámara oculta.

José y María eran unos emigrantes indocumentados de los Balcanes. La noche del 24 de diciembre comenzaron la peregrinación de casa en casa, pidiendo alojamiento para que su hijo viniera al mundo, ya que no tenían dinero ni papeles para que la falsa María diera a luz en un Hospital. Ni le cuento compadre, no hubo nadie que se compadeciera de estos modestos refugiados y todos los hogares solicitados les cerraron las puertas en las narices.

El colmo fue compadre, cuando estos peregrinos tocaron la puerta de una iglesia que festejaba la venida del niño Jesús. El cura les dijo que la Iglesia no era una maternidad y los mandó a pedir ayuda a otro lado, a esos lugares donde se ocupan de los sin papeles...

Si Jesucristo hubiera nacido en el siglo XXI y en Suiza, compadre, habría venido al mundo en algún estacionamiento de automóviles subterráneo, y habría sido un indocumentado indeseable...

¡Cómo quiere que no me deprima compadre!  Además, tampoco tengo muchas opciones para festejar. Antes festejaba al niños Jesús bebiendo sus buenos mostos, pero ya no se puede porque la policía se disfraza de viejo pascuero para hacer soplar el alcohol-test, a quienes llevan algunas cañas de más. No es nada agradable, compadre, tener que pasar la noche buena en un pesebre de alguna comisaría lúgubre y nauseabunda.

Para reconciliarme conmigo mismo, me enrolaré esta noche en un equipo de gente solidaria y pasaré Navidades repartiendo sopa caliente y alguna sonrisa en algún refugio para emigrantes ilegales. Feliz Navidad, compadre!

Aldu

 

Santa Claus, Papá Noél, Viejo pascuero....

A este personaje patriarcal, tierno y protector, que reparte regalos a los niños de toda condición hoy se le llama Viejo pascuero, Santa Claus, Father Christmas, Sinterklaas, Papá Noel, Baboo Natale… Ayer se denominaba San Nicolás. Y mucho antes aparecía con el nombre de Señor Invierno por los caminos nevados de los pueblos centroeuropeos. Pero más atrás aún en el tiempo, se celebraba con la advocación de Saturno entre los romanos y Cronos entre los griegos.

En Europa hubo un proceso paralelo en la creación de la figura de Papá Noel. La tradición luterana reformista era muy sólida. Lutero había intentado sustituir al portador de regalos. Si alguien ha de traer regalos, que sea el propio Niño Jesús. Consiguió su propósito parcialmente.

Por ejemplo, en Alemania la figura pasó de ser un niño a ser una mujer con túnica blanca y velo largo. En 1847, también en Alemania aparece un personaje parecido a San Nicolás vestido con una especie de hábito de monje. 

Fue el poeta y pastor protestante Clement C. Moore, quien describía un Papá Noel robusto y gordezuelo, vestido de rojo de los pies a la cabeza y silbando alegremente mientras atravesaba las nubes con su trineo tirado por renos y se hizo conocido en toda Europa en 1823 tras su inicial publicación en el Troy Sentinel.





 

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