Portal suizo de Información y Servicios

Deportes

Rubricas
 
Inicio
Epistolario
Quinta Suiza
Latinos en Suiza
Reportajes
Economía
Ciencias
Solidaridad
Sociedad
Cultura
Genealogía
Deportes

Noticias de Agencias

Ginebra Internacional
Nosotros
 

 

Roger Federer en camino a ser el tenista más grande de la historia

El tenista suizo conquistó un nuevo título en Australia al vencer al chileno Fernando González
7-6/6-4/6-4

 


Roger Federer es ya el mejor tenista de la historia helvética (foto archivo LDD)

 

El tenista helvético se ha convertido en una leyenda viviente por la suma de sus triunfos y su reinado como el número uno del mundo en la lista ATP. Imbatible, pero la estrella del tenis es un hombre que reboza humildad. Recuerdos de un campeón.

Fue en Basilea, la ciudad de su nacimiento, donde Roger Federer comenzó a jugar al tenis cuando tenía con 8 años. Su padre, Robert, y su madre, Lynette, surafricana, que trabajaban en una empresa farmacéutica, invertían parte de su tiempo libre jugando al tenis. 

Experiencia paterna

El muchacho que compartía los pasatiempos de sus padres jugando con su hermana Diana, no le hacía mucho caso a los consejos paternales en materia tenística. “No me gustaba jugar contra mis padres, me reprendían continuamente”, cuenta en una entrevista televisiva.

A los 14 años ingresó al centro de entrenamiento de Ecublens, cantón de Vaud, en la Suiza francófona. No sabía una sola palabra de francés, dominaba el alemán y el inglés, pero se empeñó en aprenderlo, idioma que ahora domina a la perfección.

Ahí tuvo como profesores al surafricano Peter Carter y al sueco Peter Lundgren, que se encargaron de calmar la rebeldía del muchacho con sus métodos particulares.

Un muchacho con carácter difícil

“Recuerdo –explica Federer– que nos dijeron que el primero que lanzara una raqueta limpiaría las pistas durante una semana. Y mis raquetas eran como helicópteros, estaban todo el día por el aire. Nunca estaba satisfecho con mi manera de jugar”.

Rompió las mallas de separación de las pistas en uno de sus excesos de ira, y durante siete días se levantó sólo salir el sol para poner a punto las canchas. Era demasiado perfeccionista, perseguía esa precisión de los relojes suizos de los que ahora hace gala.

Debido a su carácter difícil, a los 17 años tuvo que ponerse en manos de un psicólogo para que le ayudara a relajarse. “Le ayudó el paso a profesionales –indica su entrenador Peter Lundgren.

En el centro deportivo lo tenía todo a su alcance, no debía preocuparse por nada. Viajando por el mundo se dio cuenta de que había unas facturas que pagar, temas de los que preocuparse personalmente”.

Lundgren, un ex tenista de la época Bjorn Borg, uno de sus mejores amigos, fue también el que le puso barreras en su adicción por los videojuegos y los mensajes de móvil. “Gastaba demasiada energía, tanta que salía a la pista agotado”. 

Una bomba de relojería

Roger era un chico extrovertido, divertido, aunque una bomba de relojería en competición. Le acostó acostumbrarse con normalidad a las derrotas. “No tenía nada que ver con los ataques de ira o romper raquetas. Era un sentimiento falta de tristeza. Llega al vestuario, y me ponía a llorar”, comenta el helvético, que incluso no pudo contener el llanto cuando se le escapó el bronce en los Juegos de Sydney-2000 al perder contra el francés Arnaud di Pascuale.

Por entonces Federer tendía a subrayar las cosas negativas. “Continuamente –rememora Lundgren– decía que no sabía jugar sobre tierra batida. Tuve que prohibirle hacer comentarios de este tipo, era una actitud terriblemente negativa. Y además, era falso que no supiera jugar en tierra”.

Resultaba difícil conjugar la sensatez de Federer en su visión sobre la vida con el Federer excesivamente emocional del tenis. “Cuando era joven, me decía que si ganase mucho dinero, le regalaría una gran mansión a mis padres. No pedía nada más”.

Los dólares no son ya ningún problema para “el que será el tenista más grande de la historia”, como afirma entusiasmado John McEnroe. Y siguió un proceso lento pero seguro de maduración que lo ha conducido a mantenerse como el número uno del mundo.

La pregunta ahora, es saber cuanto tiempo el deportista más prestigioso de Suiza conseguirá mantenerse en la cima y cuál será su último objetivo. Destino de campeones.

Swisslatin /agencias

 

El aporte clave de su compañera sentimental

Fue vital la intervención de su compañera sentimental desde los Juegos de Sydney, la ex tenista Miroslava Vavrinec. 

Miroslava tuvo que dejar la raqueta por una lesión, y desde entonces maneja con mano firme todos los asuntos relativos a Roger, quien se felicita de que “ella, como tenista que ha sido, comprende todo lo que hago, lo que ahorra muchas discusiones”.

“Roger es de esas personas que necesita aprender cometiendo errores”, comenta Peter Lundgren. Y también viviendo experiencias que dejan huella, como el fallecimiento del surafricano Peter Carter, el técnico que más se ocupó de él en su infancia, en accidente de coche. 

Ha aprendido bien la lección, los últimos años ha dado muchas veces la sensación de que era un tenista sobrehumano, por su frialdad y eficacia. Y, especialmente, por un talento asombroso. Roger Federer hace gala de la afamada precisión de los relojes suizos, aunque después de mucho entrenamiento.


 




 

© Swisslatin 2005

 

Sitio configurado para una pantalla 800x600

Webmaster