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No habían flores amarillas para la tumba de Borges

Sencillo homenaje del poeta chileno Allan Heufemann al cumplirse 20 años del deceso del escritor en Ginebra 

 

Allan Heufemann lee los haikus borgianos ante la tumba de Jorge Luis Borges (Swisslatin)

 

El 14 de junio de 1986 falleció Jorge Luis Borges en su última demora ginebrina. Desde entonces cada año su tumba se convierte en un lugar de peregrinaje de sus más fieles seguidores. Un ritual silencioso y alejado de bullas.

Este 14 de junio tampoco fue la excepción. El cementerio de “los Reyes” o necrópolis de “Planpalais”, donde descansan los personajes ilustres de Ginebra – Borges fue su hijo ilustre -, lució como todos los días. El jardinero de turno regó las escasas flores que adornan su tumba sin enterarse de nada.

Su tumba tampoco tenía flores amarillas, como las descritas en su poema “Con qué puedo retenerte”. La soledad de un día tan especial fue rota sólo por la presencia del poeta chileno Allan Heufemann, que acudió a recogerse en torno a la memoria de quien considera su “maestro”.

Allan Heufemann, avecindado en Ginebra desde hace más de 20 años, leyó ante la tumba del gran escritor y poeta argentino sus famosos “Haiku” de los cuales el chileno se ha inspirado para seguir en una trayectoria borgiana-nerudiana.

“Hoy no me alegran los almendros del huerto. Son tu recuerdo”, Haiku número 5, leyó Heufemann en medio del silencio, flores azules y árboles centenarios que circundan la tumba del escritor argentino Jorge Luis Borges, a 20 años de su deceso. Fue todo.

Enseguida, Heufemann prosiguió con su ritual poético en torno a lápida de Borges, donde se lee un epitafio en inglés antiguo ’And ne forhtedon na’ (Y sin temer nada), que indica la última morada del creador de El Aleph.

Este día no hubo visitas; tampoco de los círculos intelectuales ginebrinos, quizás algún visitante anónimo, pero fue todo. Normal en todo caso para Jorge Luis Borges, el universal, que pidió descansar definitivamente en Ginebra, en el silencio y el olvido de sus laberintos.

El 14 de junio de 1986, el polémico aunque siempre genial autor fue enterrado en la pequeña necrópolis, la única que data de la Edad Media, en la orilla izquierda del río Ródano y donde está acompañado de las osamentas de nobles, diplomáticos y consejeros de Estado.

La tumba de Borges, con el número 735 posee una pequeña cruz de Gales y la inscripción  “1899/ 1986” en la piedra que se levanta al ras de la tierra. El epitafio antes mencionado está escrito en inglés antiguo que él conoció bien en vida, proviene de un poema épico intitulado “La batalla de Maldon”, en el que un guerrero arenga a sus hombres antes de morir peleando contra invasores vikingos en Essex, Inglaterra, en el siglo X.

Pero no obstante el olvido de las flores en su tumba, en su tierra natal, Argentina, rememoran los 20 años de su muerte. En Buenos Aires y provincias, se han programado varios actos para conmemorar las dos décadas de su desaparición. Charlas, debates y mesas redondas analizan su legado y su obra.

Nacido en Buenos Aires, el 24 de agosto de 1899, se convirtió rápidamente en uno de los maestros de la lengua española,  liderando con su sabiduría y estilo a los máximos exponentes del ‘boom’ latinoamericano de los 60 del siglo pasado. Pero fue el exilio de Ginebra que Borges escogió para vivir sus últimos años:

"En Ginebra me siento misteriosamente feliz" y "me parece extraño que alguien no comprenda y respete esta decisión de un hombre que ha tomado, como cierto personaje de Wells, la determinación de ser un hombre invisible", explicó el famoso escritor dos meses antes de morir.

También en Ginebra, otro poeta venido de las tierras del Sur, Allan Heufemann, de ancestros germanos establecidos en Osorno, en Chile, continuará honorando la memoria del escritor argentino, recitando en las tertulias ginebrinas, sus propios haikus, provocadores, inspirados en el misterio borgiano.

Swisslatin / Aldu

La posesión póstuma, traducida al francés

La posesión póstuma, un detallado trabajo periodístico del argentino Juan Gasparini sobre los últimos y controvertidos meses de la vida de Jorge Luis Borges, antes de morir en Ginebra en 1986, fue traducida al francés.

Bajo el nuevo título de La dépouille de Borges (Los restos mortales de Borges), la obra traducida de Gasparini, residente en Ginebra desde 1980, se distribuye en las librerías de Suiza, Francia, Bélgica y Canadá. 

El libro, según mantiene la editorial en su contraportada, "no es ni una biografía sobre el gran escritor que fue Jorge Luis Borges ni un ensayo sobre sus proezas literarias, sino una investigación que busca disipar los misterios en torno a su muerte en Ginebra".

La obra, que ya fue editada en castellano por la editorial Foca en 2000, hace un repaso a lo acontecido en los controvertidos y poco conocidos últimos meses de vida del escritor y a su relación con María Kodama, así como su último viaje a Ginebra, su cambio de testamento y el sitio donde descansan sus restos.

Para ello, recopila información de un gran número de personas que tuvieron contacto con el escritor argentino durante esa época, incluidos familiares, amigos, abogados o médicos.

Nacido en Buenos Aires en 1899, Borges murió en julio de 1986 en Ginebra, donde había viajado unos meses antes ya enfermo y en compañía de María Kodama, con quien contrajo matrimonio en secreto poco antes de su muerte y a la que designó su única heredera de bienes y derechos de autor.

Su viaje prácticamente secreto a Ginebra desconcertó a conocidos y seguidores, ya que fue acompañado del cambio de testamento, abogados, médico y estado civil.

En alguna ocasión Gasparini ha comparado la relación entre Kodama y Borges con la de Yoko Ono y John Lennon.

En Ginebra, Borges intentó obtener un permiso de residencia, tener la nacionalidad suiza y comprarse una propiedad en el casco antiguo de la ciudad.


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