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Este afiche anti-minaretes de la extrema derecha fue prohibido en algunos cantones (foto agencias)

Suizos aceptan iniciativa anti-minaretes y rechazan prohibir la exportación de armas.

Se impuso el miedo al desarrollo del Islam en Suiza.

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La mayoría de los cantones helvéticos votaron por la prohibición de la construcción de minaretes en las mezquitas, con excepción de Ginebra, Vaud, Neuchâtel, y Basilea Ciudad. En porcentaje, la iniciativa fue aceptada por el 57,5% de los electores (participación 54,38%).

La votación más elevada contra los minaretes fue en los cantones de Appenzell Rhodes- interiores (71,5%) seguido de Glaris (68,8%), y Ticino (68,1). Más atrás vienen Berna (60,7%) Valais (58%) Friburgo (55,9%), Zúrich (51,8%) y Jura (51,2%).

Sólo votaron en contra, Ginebra, (59,7%) Vaud (53,1%) Neuchâtel (50,9%) y Basilea ciudad (51,6%).

Un voto de miedo contra los integristas

Los suizos acudieron este domingo a las urnas para dar su opinión, en plebiscito, no sólo acerca de una polémica petición contra la construcción de minaretes en las mezquitas helvéticas y de la venta de armas, sino que también sobre otras cuestiones relacionadas sobre la transferencia de impuestos del combustible para aviones, y una diversidad de temas relacionadas con el ámbito cantonal y comunal.

Pero de todas, la cuestión de los minaretes, presentada por el partido de la extrema derecha, la Unión Democrática de Centro (UDC), ha sido el principal objeto de debate entre la población por su alcance político internacional. Al final la campaña del miedo contra el integrismo musulmán se impuso por encima del llamado del Consejo Federal y de los líderes de todas las iglesias cristianas.

El argumento de la UCD se basaba en que las torres de las mezquitas son una expresión arquitectónica de la supuesta supremacía del Islam sobre el resto de las religiones, pero, según los analistas, escondía un trasfondo político de movilizar a los suizos a oponerse al desarrollo del Islam en el país.

El Consejo Federal llamó a votar en contra de la propuesta de la extrema derecha porque consideró que la prohibición de los minaretes violaba la libertad religiosa, los derechos humanos básicos y los derechos civiles garantizados por la Constitución. Además, contribuiría a inflamar las relaciones entre cristianos y musulmanes, la mayoría de los cuales conviven en paz, y supone un ejercicio de discriminación contra los musulmanes, según el Gobierno.

Una votación en contexto político complicado

En tiempos normales, la posición gubernamental habría bastado para asegurar el triunfo del NO, en las urnas, pero dado el actual contexto internacional e interno que atraviesa Suiza, nada era seguro, y existían temores fundados en todos los sectores políticos y en el mismo Consejo Federal, que la iniciativa fuera aceptada, dado el clima anti-islámico que existe en el país, como así sucedió.

En efecto, la votación tuvo lugar en medio del caso de los rehenes suizos en Libia, que el líder de ese país retiene como represalia al arresto en Ginebra de su hijo Hanibal Gadafi, denunciado por haber maltratado a sus domésticos mientras se alojaba en un hotel de la ciudad.

Desde entonces las relaciones entre ambos países se encuentran al borde de la ruptura, mientras que el gobierno suizo encabezado por su presidente Hans Rudolf Merz, ha sido humillado en dos ocasiones, obligado a pedir excusas oficiales, sin que los rehenes haya n sido liberados hasta ahora. La población bien podría castigar a Gadafi votando a favor de esa iniciativa.

Por otro lado, Suiza al igual que los demás países europeos, se enfrenta a un brote anti-islámico, debido a la creciente inmigración que profesa esa religión, al punto que el Islam es profesado en Suiza por 50.000 practicantes, de una población de 400.000 personas, según las cifras dadas a conocer por la ministra de Justicia Eveline Widmer- Schlumpf.

En este contexto, la Confederación temía que la iniciativa sea aceptada y el país deba enfrentar nuevas represalias internacionales, que se agregarían a las ya existentes, como lo son los ataques al secreto bancario.

Eveline Widmer Schlumpf reconoció que, en caso de triunfar esa iniciativa en las urnas, "tendríamos problemas para explicar a algunos países musulmanes lo ocurrido, y no descartó consecuencias de tipo económico y políticas, como la eventualidad de que Suiza sea juzgada en el plano de los Derechos Humanos en la Corte Europea de Estrasburgo.

La exportaciones de armas

La otra iniciativa, esta rechazaba por todos los cantones, era la relacionaba con la prohibición de la exportación de material bélico, lanzada por el Grupo por una Suiza sin Ejército, que denuncia que el Gobierno suizo exporta armas a países con un pésimo registro de Derechos Humanos, entre ellos Afganistán, Pakistán o la región sudanesa de Darfur.

Su objetivo era obtener la prohibición de exportar material de guerra y tecnologías destinadas a la fabricación de armas. La iniciativa no se oponía ni a la exportación de armas deportivas y para la caza, ni a la venta del material necesario para el desminado humanitario.

Para los partidarios este comercio es éticamente inaceptable para un país neutro, que sirve como mediador a nivel internacional, y depositario de los Convenios de Ginebra y activo en el ámbito humanitario.

El Gobierno, los partidos de derecha y el sector económico relacionado con la industria de armamentos, llamaron a votar en contra de la iniciativa invocando razones económicas, como la pérdida de empleos.

El Gobierno basó su postura en que aseguraba un estricto control de exportaciones y que el 75% del material va destinado a países en Europa, América del Norte y Australia "que comparten los valores suizos". Insistió igualmente en que la industria nacional armamentística era vital para mantener la independencia del país.

Swisslatin (29.11.2009)

 
 
 
 

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