|
El 2009 pasará sin duda en los anales de la historia de
Suiza, como el “año horrible”, en cuanto a deterioro de
su imagen provocada por conflictos externos que
comenzaron con los “imprudentes” negocios de su
principal banco, UBS, en los Estados Unidos.
Confrontada en el espejo, la Confederación descubre un
rostro de un país “mal visto”, sentimiento reforzado por
el estallido de conflictos diplomáticos con Libia y la
reciente detención del cineasta Roman Polanski.
Numerosos son los contratiempos que ha sufrido la
Confederación este año. Primero fue obligada a ceder
sobre su secreto bancario, revelando al fisco
estadounidense los nombres de 4.450 clientes del banco
UBS en Estados Unidos. Ello sin contar que sus vecinos
europeos, en particular Alemania, arremetieron también
por favorecer la evasión fiscal.
Luego ocurrió el episodio del líder libio Muammar
Gadafi, que furioso por la detención en Ginebra de su
hijo Hannibal, por malos tratos a personal doméstico,
replicó tomando drásticas medidas que comenzaron con el
retiro de los fondos depositados en los bancos
helvéticos, y la detención de dos ciudadanos suizos,
que mantiene como rehenes.
La falta de audacia diplomática de su presidente, Hans
Rudolf Merz le hizo pasar la peor humillación sufrida
por un gobierno europeo en manos de un régimen
autoritario y feudal. Gadafi obligó a Suiza a someter el
caso de su hijo a un Tribunal Internacional y a pedir
excusas.
De un caso a otro
Luego vino la detención en Zúrich del cineasta
franco-polaco Roman Polanski cuando se aprestaba a
recibir un premio por su carrera cinematográfica, lo
que fue visto como un acto de vasallaje a EE.UU, cuya
justicia emitió el mandato para su arresto.
Con ello se enemistó con el mundo cultural europeo y las
relaciones políticas con Francia y Polonia se han visto
perjudicadas, aumentando ese sentimiento de aislamiento.
Y por si fuera poco, en el frente interno, el principal
partido de extrema derecha, Unión Democrática de Centro
(UDC) se lanzó en un ataque contra los trabajadores
franceses de la región de Ginebra, a los que calificó de
"gentuza" y de "criminales extranjeros", provocando
airadas reacciones en Francia.
También se ha echado encima la reacción de los países
islámicos por el rechazo de este mismo partido a que los
musulmanes puedan edificar alminares en sus mezquitas,
un tema que será puesto a votación popular el próximo
mes.
El aislamiento no es nuevo
Pero según el profesor Pascal Sciarini de la Universidad
de Ginebra el problema no es nuevo. "Sólo que ahora
Suiza pasa por una etapa difícil que se prolonga", ya
que a su juicio todo comenzó en los años 90 por el caso
de los fondos sin herederos, de las víctimas del
genocidio nazi depositados en los bancos suizos.
A juicio del politólogo ginebrino, “uno de los problemas
mayores de la Confederación Helvética es su neutralidad,
en cuyo nombre se han acreditado prácticas indeseables
como los fondos sin herederos y el secreto bancario".
Suiza sufre también "de una ausencia de cultura de
crisis" que la hace incapaz de enfrentar sus propios
diferendos internacionales. "Con el fin de la guerra
fría, perdió su lugar privilegiado de contacto entre el
Este y el Oeste", explica por su parte Pierre Hazan,
profesor del Instituto de altos estudios internacionales
y del desarrollo de Ginebra.
Suiza "trata ahora de redefinir su papel,
comprometiéndose más en los temas mundiales, al tiempo
que mantiene su papel tradicional de mediadora",
aseguró, estimando que una "neutralidad más activa es
una de las soluciones al problema de imagen".
Como sea, con crisis de desempleo que ayuda a fomentar
la xenofobia contra los extranjeros, el aislamiento
“circunstancial” de Suiza es una realidad, sentimiento
reforzado por su negativa a integrar la Unión Europea.
Swisslatin
(12.10.2009)
|